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Tema 26. Prehistoria y Protohistoria de España hasta la dominación romana.

Introducción

La prehistoria, protohistoria e historia antigua de la Península Ibérica se conoce básicamente a través de restos arqueológicos y fuentes indirectas redactadas en fechas muy posteriores a los hechos. Lo que manejamos son hipótesis y posibilidades abiertas a la modificación y a la reinterpretación. Los estudios sobre la antigüedad peninsular están en constante evolución y en continuo proceso de construcción. En el desarrollo del tema, dada su amplitud, habremos de ser sintéticos. Nos servimos de la periodización basada en el Sistema de las Tres Edades de Thompsen (Piedra, Bronce e Hierro) y en la posterior división de Lubbock (Paleolítico y Neolítico). Posteriormente abordaremos el I milenio a. C. Como nuestro análisis es esquemático, en cada apartado ofreceremos unas referencias bibliográficas para d completo desarrollo de cada parte.

El paleolítico en la península ibérica

Para estudiar esta etapa prehistórica de la Península Ibérica vamos a seguir la división clásica en periodos (Inferior, Medio y Superior). En líneas generales se extiende desde la aparición del género Homo hasta el inicio del Holoceno.

El paleolítico inferior

El Paleolítico inferior español abarca desde el pleistoceno antiguo al superior (1.500.000-100.000). Los recientes descubrimientos realizados en Atapuerca (Burgos) por un equipo de paleontólogos dirigido por el profesor Arsuaga han provocado un vivo debate acerca de la evolución humana y también acerca de la expansión del género homo desde África a los demás continentes. Los yacimientos característicos de este periodo están al aire libre, ubicados en las terrazas de los ríos. Es importante los restos de fauna e industrias líticas halladas en ellos. Un ejemplo típico de este tipo de yacimientos es el de las Terrazas del río Manzanares.

Se han hallado dos tipos culturales diferentes en los yacimientos de este periodo:

La cultura de los cantos trabajados (Pebble Culture): Son cantos (guijarros) de río, trabajados en una forma simple. Es la cultura menos abundante en la península.

La cultura achelense: Los útiles son de piedra tallada por ambas caras formando una punta. Es muy abundante y la encontramos en yacimientos como Pinedo, Terrazas del Tajo, Cueva del Castillo, Terrazas del Manzanares…etc.

Respecto al hábitat y a la economía de los pobladores de estos asentamientos, los yacimientos de Torralba y Ambrona son ejemplos de grandes cazaderos, cercanos a abrevaderos, como lo demuestran los abundantes restos de mamuts hallados todos en el mismo lugar junto a restos también de abundante industria lítica apropiada para el despiece de los animales. Parece ser que en estos lugares se establecían campamentos provisionales de caza, descarriamiento y descuartizamiento, para facilitar el traslado de las piezas a los asentamientos comunales. En este momento son escasos los hábitats en cuevas, aunque también existen, como son los casos del yacimiento de Atapuerca en Burgos y de Cueva del Castillo en Santander, correspondientes a momentos en los que el clima cambió (glaciaciones).

En cuanto a fósiles humanos, el hombre de Orce (yacimiento de Venta Micena, Hoya de Baza-Granada) con 1.600.000 años de antigüedad, es el hallazgo más significativo correspondiente a este periodo. Según sus descubridores (equipo de Gisbert) se trataría de un homo ergaster. En Atapuerca (Gran Dolina) se ha catalogado el homo antecessor, con una datación de más del millón de años, descubrimiento que ha revolucionado las teorías sobre la evolución humana. También existen restos del homo erectus. El análisis del Paleolítico Inferior se puede completar con la lectura de C. Gamble: El poblamiento Paleolítico de Europa, Ed. Crítica, 1990.; y también del tomo I de Historia Universal de la Editorial Nájera (1983) dedicado a la Prehistoria.

El paleolítico medio

Este periodo intermedio del Paleolítico se suele asociar al periodo musteriense y al hombre de neandertal (100.000-35.000). Debido a que se corresponde con los primeros estadios de la glaciación wurmiense el hábitat más habitual en este momento es en cuevas y abrigos naturales. Aunque como casi todo lo que aquí se comenta, esta afirmación es bastamente debatida.

La industria lítica de este momento se realiza sobre lascas, generalizándose una técnica de extracción llamada levallois (que ya venía utilizándose desde el Achelense medio). Entre los útiles más habituales podemos destacar las raederas (lascas de piedra con uno o más bordes denticulados).

En España, vinculado al sudoeste francés, se encuentran las industrias de la Cornisa Cantábrica, como son las Cuevas de Morin, Pendo y del Castillo. En el valle del Ebro tenemos yacimientos al aire libre y en cuevas, como Urbasa y Peña Miel. En el área levantina destacan L’Abreda, Abric Remaní, Cova Negra y Abric Aguí, en los que tenemos facies Charentiense, Musteriense Típico, Musteriense de tradición Achelense y Denticulados. En Andalucía destacan los yacimientos de Gibraltar, Cueva Hora, Zafarraya y Carigüela. Finalmente, en la Meseta tenemos industria charentiense en Ermita y Cueva Millán.

Los fósiles humanos de este periodo corresponden al Homo Sapiens neanderthalensis. Se han hallado restos de ellos en la Cueva de Genista (Gibraltar) y en la Cueva de la Carigüela (Granada). Posteriormente se han hallado también en la Cueva de los Casares y en Leretxiki (Guipúzcoa). En este estadio se ha datado en algunos yacimientos la elaboración de elementos arquitectónicos sencillos, el acondicionamiento del entorno más próximo y el desarrollo de prácticas relacionadas con la cultura espiritual y el ritual funerario. Vega Toscano, G. en su artículo El hombre de Neandertal y el Paleolítico Medio en Españadesarrolla ampliamente esta etapa.

El paleolítico superior

Este periodo se desarrolla en la Península Ibérica durante la última fase de la glaciación Würm, (35.000-8.500 a.C.). Se puede dividir en dos grandes áreas: cornisa cantábrica y la zona mediterránea. Los hábitats son muy variados, aunque frecuentes en zonas de paso de las manadas o en sus abrevaderos. También en la costa y en las riberas de los ríos. Aunque pueden vivir al aire libre, especialmente en las zonas mediterráneas por las favorables condiciones climáticas, son más frecuentes los hábitats en los abrigos y entradas de las cuevas. Los interiores quedaban para santuarios, enterramientos y manifestaciones artísticas. Esto se aprecia claramente en las Cuevas de Morín en Santander y de Tito Bustillo en Asturias.

Respecto a la industria lítica, en este momento se perfeccionan las técnicas existentes y se crean otras nuevas. Se diversifican estas industrias y aparecen una gran diversidad de útiles. Son muestra de un trabajo especializado y de una gran perfección técnica. Se trabajan fundamentalmente las lascas, dando lugar a lo que se ha denominado microlitos. Destacan los buriles, raspadores, puntas de cara plana u hojas y las puntas de muesca. En relación con la industria ósea, junto con las azagayas, aparece también la aguja de hueso perforada en la cabeza. También aparecen otros útiles asociados a actividades pesqueras como el arpón y el propulsor. El Auriñaciense está presente en Cueva Morín, el Castillo y Pendo y en la zona levantina en L’Arbreda y Les Mellaetes. El Solutrense en la zona cantábrica en los yacimientos de La Riera, Caldas, Altanara y El Castillo, mientras que la zona levantina en El Parpalló y Les Mallaetes. El Magdaleniense Cantábrico se ha datado en Rascaño, Castillo, La Lloseta y Urtiaga, entre otros yacimientos, mientras en la zona levantina destaca Tossal de la Roca, Barranc de L’infern, Matutano, Nerja, Pirulejo y el de Parpalló.

Los restos fósiles de este periodo corresponden al homo sapiens-sapiens. Podemos encontrarlos en Parpalló, Los Azules (Asturias), Pendo (Santander) y Urtiaga (Guipúzcoa). Todos ellos del tipo Cromañon.

El Paleolítico Superior corresponde con una fase avanzada del desarrollo humano. El hábitat en algunos casos presenta una estructura evolucionada como en Cueva Morín. El mundo funerario y simbólico se desarrolla bastante. Es también en este momento cuando se generalizan los objetos de adorno y el arte parietal en forma de huesos perforados y usados como cuentas de collares o para llevar colgados. Se generaliza el empleo del ocre rojo para recubrir a los difuntos en los enterramientos y según parece surge el arte. El tema puede completarse con la lectura de González Morales, M.R. La Expansión de los cazadores. Paleolítico Superior y Mesolítico en el Viejo Mundo, Ed. Síntesis, 1992.

El arte prehistórico

Quizás la aportación más novedosa del hombre del Paleolítico Superior sea el arte rupestre. Se conoce así al arte prehistórico realizado sobre paredes y techos de rocas y abrigos. Es difícil datarlo por la ausencia, en muchas ocasiones, de restos asociados a él.

En estas artísticas representaciones rupestres abundan fundamentalmente los colores rojo y negro. Las figuraciones características son de animales-caballos, bisontes, cabras, toros, renos y ciervos-, de humanos o humanoides y de símbolos y signos, También son frecuentes las manos representadas en positivo y negativo. Casi todas las teorías de los expertos asocian estas representaciones con manifestaciones mágico-religiosas.

Desde el punto de vista artístico destacan los yacimientos de Cuevas de la Peña de Candamo, Tito Bustillo y El Pindal en Asturias. En la provincia de Santander destacan las Cuevas de Altamira[1], Cuevas del Castillo y Puente Viesgo. También podemos encontrar arte rupestre en otros yacimientos menores situados en Euskadi (Ekain) la Meseta central (Los Casares, Maltravieso, Siegaverde), el área mediterránea (El Parpalló, Cova Fesca) y Andalucía (La Pileta).

Una variedad dentro del arte rupestre digna de mención es el arte rupestre levantino. Los prehistoriadores Almagro y Ripoll opinan que es fechable en tiempos postpaleoliticos. Es un arte muy homogéneo que se encuentra en los abrigos de los barrancos del oriente peninsular. Usa sobre todo el color rojo, Y las figuraciones son de animales y humanos en diferentes escenas.

El llamado arte mueble se realiza sobre hueso, marfil, astas de ciervo, placas de piedra, cantos rodados y otros materiales similares. Los útiles más frecuentes en la Península Ibérica son azagayas, arpones, ornamentos, y bastones de mando.

Para un mayor desarrollo del tema recomendamos la lectura de la obra de Ripoll Perelló, E. El arte paleolítico. Historia 16, 1989; o la obra colectiva Arte rupestre en España, Zugartoeds., 1987.

La transición al neolítico. El epipaleolítico

Ayudados por los yacimientos y hallazgos fósiles pertenecientes a este periodo, se han delimitado tres áreas claramente diferenciadas espacial y culturalmente.

La costa cantábrica

Evolucionando desde las culturas paleolíticas, se distinguen dos variantes:

Cultura del aziliense cantábrica, (microlitismo, cantos pintados y decoraciones geométicas) Cuevas de La Lluera y Los Azules. 8.500 a.C.

Cultura conchera del asturiense. Gran simplificación tipológica en las industrias líticas y óseas. A esta cultura pertenecen yacimientos muy cercanos a la costa, especializados como marisqueros. El útil más característico de esta cultura es el pico asturiense para arrancar los moluscos de las rocas. Penicial, Molino de Gasparín.

El litoral mediterráneo

También en esta área encontramos, más que dos tipos de culturas, dos tipos de complejos industriales productores de útiles:

La industria en microláminas, propia del yacimiento de San Gregori.

La industria geométrica en los yacimientos de El Filador y Cocina. Perdurará hasta la llegada de los primeros neolíticos con cerámicas cardiales. El hábitat es en abrigos naturales.

El litoral portugués

Como nos referimos a la Península Ibérica hay que citar en este espacio la cultura conocida como de los concheros del Muge, en la que los hábitats son al aire libre y el modo de vida se desarrolla en torno a la importancia del marisqueo.

Para un mayor desarrollo de este periodo, consúltese la obra citada de Glez. Morales.

El neolítico peninsular

En lo que respecta al proceso de neolitización no hay acuerdo entre los investigadores, centrándose la cuestión sobre si se trata de una evolución desde el Epipaleolítico o bien si son elementos venidos del exterior por la vía mediterránea. Los prototipos silvestres susceptibles de domesticación no existen localmente. La cronología de su aparición parece indicar un origen foráneo. Es la teoría alóctona aceptada por la mayoría de los expertos. La “revolución neolítica” se trajo a estas tierras desde el exterior una vez se hubo desarrollado completamente en su lugar de origen. Esta revolución significó la aparición de la agricultura, de la cerámica, de la piedra pulimentada, de los primeros pueblos estables y de la domesticación de animales. Prueba de que esto fue así es que los ovicápridos no existían en la Península Ibérica hasta este momento en que comienzan a estar y los primeros cultivos que se han hallado aquí, trigo y cebada, tampoco cuentan con predecesores silvestres.

La sedentarización de las comunidades, hecho que habitualmente se asocia con el Neolítico, no está tan claro en un primer momento del Neolítico en la Península Ibérica, ya que los asentamientos igual se encuentran en este periodo en cuevas como al aire libre. Las primeras comunidades neolíticas (costa y sierras mediterráneas) conviven en armonía con las epipaleolíticas indígenas. Las estructuras sociales y religiosas, así como la simbología, se desarrollan sobremanera en el Neolítico.

En España el primer asentamiento Neolítico se situó en las sierras paralelas al litoral mediterráneo. El elemento más característico de este primer Neolítico fue un tipo de cerámica decorado con incisiones, realizadas con conchas de un molusco (cardium), que dio nombre a esta etapa y cultura: CULTURA DE LA CERÁMICA CARDIAL (VI-V milenio a.C. en Cova de les Cendres, Coveta de L’Or). Un segundo contexto es el de la CERÁMICA NO CARDIAL, caracterizado por cerámicas con otros elementos decorativos con incisiones practicadas con otros útiles como matrices dentadas o gradinas (Cova Fosca en Castellón, Nerja, Cueva de los Murciélagos, Cueva del Nacimiento, en Jaén, Cueva Chica en Sevilla).

Desde mediados del IV milenio a. C. se data una segunda fase del Neolítico Ibérico. Está representada por la denominada CULTURA DE LOS SEPULCROS DE FOSA, sobre todo en Cataluña. El elemento más característico es la existencia de pequeñas necrópolis con enterramientos en fosas individuales, en las que el cadáver aparece encogido y rodeado de algunas ofrendas. Las fosas aparecen formando necrópolis que estarían cerca de los poblados. Estos enterramientos pertenecen a pequeñas comunidades que desarrollaron sistemáticamente cultivos y vivieron alrededor de sus campos. En el norte catalán es coetánea con el megalitismo.

La entrada en la etapa del Neolítico Pleno se detecta a través de la llegada de una nueva cerámica decorada con incisiones e impresiones a la almagra de color rojo, una vez cocida. Esta etapa aparece claramente en los yacimientos de Cova de L’or (Valencia), Cuevas de la Cariguela (Granada) y de los Murciélagos (Córdoba) y Cueva de Verdelpino (Cuenca). La neolitización de la península se realiza de Sureste a Noroeste. Al parecer se produjo una expansión cultural y material desde la zona andaluza hacia la meseta castellana. En la región Cantábrica se produce una pervivencia de los concheros hasta mediados del IV milenio e incluso más tarde. Esporádicamente aparecen restos cerámicos. En el área del País Vasco la neolitización es muy tardía y se desarrolla asociada al avance de la ganadería, no de la agricultura. El occidente peninsular: Galicia, Portugal y Extremadura sobresale por la presencia de un megalitismo muy rico y antiguo. Hoy se piensa que en Galicia las cerámicas decoradas son premegalíticas (O Reiro, A Parxubiera, O Fixon, ya en el III milenio). Pero el megalitismo requiere una atención especial. Para ampliar este apartado recomendamos la obra coordinada por P. López titulada El Neolítico en España, Cátedra, 1988.

Aparición del megalitismo en la época neolítica

El megalitismo es un fenómeno que abarca desde el Neolítico hasta la primera parte de la Edad del Bronce y se extiende por el sur de Escandinavia, la fachada atlántica, Francia, la Península Ibérica, el Mediterráneo y sus islas.

Este fenómeno o forma de expresión neolítica no es uniforme ni es simultáneo en el tiempo en los distintos espacios que hemos apuntado. Consiste en grandes construcciones de piedra con diferentes formas y funciones: los más conocidos de estos monumentos son los dólmenes, los menhires, los crómlech y los alineamientos.

En la Península Ibérica el megalitismo comienza a finales del IV milenio en la forma de círculos de piedras con funciones funerarias (restos megalíticos de la Loma de la Atalaya en Almería). A partir de los años 2900-2800 estos círculos se dotan además de cubiertas de falsa cúpula y pasillos de acceso o corredores. El megalitismo está presente en todo el litoral peninsular y penetra en amplias áreas meseteñas.

En la obra colectiva El megalitismo en la península Ibérica, editada por el Ministerio de Cultura en 1987, se desarrolla este apasionante tema.

Aparición de la metalurgia; Calcolítico

La actividad metalúrgica consolidada se atestigua con seguridad en la Península Ibérica a mediados del tercer milenio en la Cultura de los Millares y en la de Vilanova de San Pedro en el estuario del Tajo. Sin embargo, entre el cuarto y el tercer milenio parece que existieron en la zona de Huelva modestas explotaciones de mineral de cobre. Esto hace pensar a los especialistas que la teoría de que la metalurgia llegó a la Península Ibérica exportada desde el Oriente Medio podría no ser cierta.

El uso del cobre como del bronce anuló al de la piedra. El trabajo en cobre se desarrolló en el Sur de la Península, cerca de las minas de Almería. Nos encontramos con un nuevo rito funerario: las tumbas de corredor con falsa cúpula, y otras formas de tumbas colectivas construidas con grandes piedras, propias de la cultura megalítica. Esta cultura siguió desarrollándose por el Centro y el Norte de la Península, donde probablemente los instrumentos de metal llegasen al mismo tiempo que la agricultura y la ganadería.

Mientras la base económica de las comunidades neolíticas fue la tierra, no existieron apenas diferencias sociales entre sus poseedores. Pero el dominio de una técnica tan especializada como el trabajo del metal y la explotación de los yacimientos que lo contenían, provocó notables diferencias entre los grupos que conocían la metalurgia y el resto. Una de las estructuras más notables fue la de los Millares (2.500 a.C.), situada en Santa Fe de Mondujar (Almería). Era una pequeña ciudad amurallada (hasta cuatro recintos amurallados), con viviendas de planta oval, zócalos de piedra y techumbres de ramaje. Disponían de hornos para la metalurgia del cobre, construyeron un acueducto y en su necrópolis se han desarrollado grandes tumbas megalíticas. Destacan las tumbas tholoi, formadas por un corredor y una cámara circular con falsa cúpula, donde se depositaban los enterramientos acompañados de sus ajuares entre los que se encontraban piezas de cierta riqueza que, en ocasiones, como el marfil o las cascaras de huevos de avestruz, denotan relaciones de intercambios con regiones lejanas.

La aparición del vaso campaniforme

Este vaso cerámico, de característica forma, apareció en toda Europa central y occidental al principio de la Edad de los Metales. En el pasado la presencia de este vaso había sido interpretada como señal de la existencia de una cultura del vaso campaniforme. Actualmente no se cree que esto fuese así por el hecho de que dentro de este extendido vaso cerámico se han detectado grupos distintos de diferentes épocas y lugares. Hoy día tiende a interpretarse este resto como la prueba de la existencia de una moda campaniforme. El vaso pudo ser un elemento de prestigio social y de ahí su expansión.

En la Península Ibérica se han encontrado dos variedades de vaso campaniforme: la marítima, más antigua; y la continental, mas evolucionada, destacando el yacimiento de Ciempozuelos (Madrid). Según Delibes, con la aparición de este último grupo de vasos campaniforme se introducen tres novedades en la Península Ibérica:

  • Se sustituye el antiguo rito funerario colectivo por tumbas individuales.
  • Se produce una cierta generalización del cobre.
  • Tiene lugar la aparición de la orfebrería como signo de fuerte estratificación social.

Para un mayor desarrollo del periodo puede consultarse Delibes, G. y Fernández Miranda, M. Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en España, Síntesis, 1993.

La edad del bronce en la península

La Edad del Bronce suele dividirse en tres periodos, a saber, antiguo (1800-1500 a.C), medio (1500-1250 a.C.) y final (1250-750 a.C.). La datación varía según las áreas.

Periodo antiguo (el Argar, petroglifos)

En el periodo antiguo se desarrollan diferentes culturas: Perdura y se extiende la cultura calcolítica del vaso campaniforme; en el área levantina se produce la cultura de los petroglifos o grabados rupestres al aire libre; y surgen los primeros estadios de la cultura de El Argar. Esta última es la más relevante. Se desarrolla en Almería (orillas del río Antas). El poblado se ubica sobre una meseta elevada, en la que se distribuyen las viviendas, unas de planta rectangular y otras circulares, bajo cuyos suelos se efectuaban los enterramientos. La mayoría de las tumbas eran vasijas cerámicas o pithoi aunque también se encontraron cistas y algunas fosas simples. El estudio de los ajuares revela una sociedad estratificada con evidentes diferencias de clase.

Periodo medio (el Argar, bronce valenciano, motillas pretalayótica)

El periodo medio es una transición hacia el bronce final. Se desarrolla la cultura argárica y debemos destacar también el interesante Bronce Valenciano, la Cultura de las Motillas en la Meseta y la fase pretalayótica en las Baleares.

Bronce final (campo de urnas, cogotas, talayótica castros)

Por último, en el Bronce final el occidente peninsular formó parte del denominado círculo o familia atlántica (Desde el Báltico hasta la Península). Se desarrolla en el norte la cultura de los Campos de Urnas, procedente de los pueblos indoeuropeos de Europa. En este mismo periodo aparece y se desarrolla la cultura de Cogotas I. En esta cultura es muy destacable el desarrollo de una cerámica troncocónica de perfiles carenados y decoración geométrica efectuada por las técnicas del boquique, la escisión o la incisión. En esta cultura se sigue manteniendo la inhumación como forma de enterramiento. En Baleares el Bronce Final está representado por el Talayótico I. El Galicia tenemos la cultura de los castros, vinculada al comercio del estaño. Todas estas culturas se desarrollan más ampliamente en la obra de C. Blasco El Bronce, editada en 1993 en la editorial Síntesis.

I milenio a.C.: edad del hierro y grandes colonizaciones

En la península Ibérica se observa con claridad que no se produjo ningún cambio cultural violento entre el período del Bronce Final y la primera Edad del hierro. Las influencias llegadas a nuestro territorio a comienzos del primer milenio son las que van configurando la diversidad cultural de las distintas regiones (Campos de Urnas en el norte, colonizadores fenicios y griegos por el sur e influjos atlánticos en la fachada occidental, cultura castreña del noroeste). Las áreas costeras, debidos a sus contactos con el exterior tendrán un crecimiento más evolucionado que el interior. Asistimos a la protohistoria peninsular: unas culturas son ya propiamente históricas, mientras que otras no. El conocimiento de la metalurgia del hierro llegó a la península Ibérica a través de los colonos fenicios cuya influencia se detecta en las costas meridionales desde el siglo VIII a. C. Algunas comunidades del norte aprendieron la metalurgia por influencia centroeuropea. Seguidamente desarrollaremos las más importantes culturas del periodo

Las grandes colonizaciones

Durante el primer milenio a.C. diversos pueblos del Mediterráneo Oriental establecieron sus primeras colonias en la costa levantina de la Península. Los primeros en llegar fueron los fenicios, y poco después los griegos. Cuando la ciudad fenicia de Tiro fue conquistada por los babilonios (siglo VI a.C.), los establecimientos fenicios de la Península pasaron a depender de Cartago, ciudad fenicia del norte de África, fundada por exiliados tirios en el 814 a.C. Los colonizadores se sintieron atraídos por la riqueza en metales de la península Ibérica, especialmente en plata, oro y cobre. Son escasos los restos arqueológicos que permiten conocer las bases del intercambio entre la población indígena y los colonizadores. Se han conservado muy pocos de los objetos que recibían los indígenas a cambio de metales y cereales, seguramente esto es debido a que se trataba de productos perecederos que no se han conservado: tejidos, perfumes, objetos efímeros de adorno… para una visión general de las colonizaciones puede consultarse la obra del profesor Blázquez Fenicios, griegos y cartagineses en Occidente, Madrid, 1992.

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Lenguas paleohispánicas alrededor del 300 a. C.

Polémica acerca de las colonizaciones

Las diversas fuentes documentales y los testimonios arqueológicos descubiertos han dado lugar a una serie de polémicas acerca de las colonizaciones y sus influencias en la península Ibérica. Según parece, las primeras oleadas de pueblos procedentes del continente europeo llegaron a la península alrededor del año 1.000 a.C. Conocían el uso del hierro y pertenecían a la denominada Cultura de Hallstat. Posiblemente se deba a ellos la introducción del arado. Trajeron también un nuevo rito funerario: la incineración de los cadáveres. A la luz de los descubrimientos arqueológicos se ha hablado de las repercusiones de los Pueblos del Mar en el Mediterráneo Occidental, de las influencias de los pueblos indoeuropeos y de los contactos con la cultura de La Teñe. Incluso se plantea la posibilidad de la existencia de enclaves etruscos. Nosotros nos referiremos exclusivamente a las más importantes.

La colonización fenicia

Comenzaron sus viajes por el Mediterráneo en torno al año 1.000 a.C. Se ha demostrado la presencia permanente de los fenicios en la costa sur peninsular desde el siglo IX a. C. (Morro de Mezquitilla y Algarrobo) hasta el siglo VI a.C.

Además del establecimiento de Gadir, los fenicios debieron intentar establecerse más al Occidente (hacia Huelva), pero la resistencia de los indígenas, que controlaban la producción de metales, les llevó a fundar una serie de pequeños establecimientos (Factorías) en la costa oriental, en torno a la actual Málaga. Fundaciones fenicias fueron Malaca (Málaga), Sexi (Almuñécar), Abdera (Adra). La actividad comercial se extendió por la costa mediterránea hasta la actual Cataluña, introduciendo dos actividades importantes: la pesca y el uso sistemático del hierro. Ligada a la industria de salazón del pescado, inició la explotación de las salinas.

El interés de este pueblo por las ricas materias primas peninsulares dio pie a un continuado contacto entre la población indígena y los fenicios, y ello derivó en importantes cambios culturales y técnicos en las comunidades peninsulares. Por el Bajo Guadalquivir se inicia una penetración hacia el interior peninsular en busca de minas. Los colonizadores fenicios introducen mitos, dioses y ritos orientales. Sus objetos de culto (páteras, jarros de libaciones, pebeteros y trípodes) se difundieron por toda Andalucía. Además influirán en la importante escritura tartésica. También dejaran su huella en el aspecto artístico, sobre todo en el tema de la ornamentación.

Los fenicios aportaron avances tecnológicos tan importantes como la navegación, la metalurgia del hierro, el torno cerámico, técnicas agrícolas y cultivos nuevos, el desarrollo urbanístico y nuevas técnicas constructivas, el alfabeto, nuevas formas artísticas y religiosas. La colonización fenicia puede ampliarse consultando la obra del profesor Blázquez y de C.G. Wagner, o en la obra colectiva Los fenicios en la Península Ibérica en Aula Orientalis, 1984.

La colonización griega

La presión demográfica sobre el territorio, las tensiones entre los diferentes grupos políticos, y la rivalidad entre las polis, fueron algunos de los motivos que llevaron a los griegos a intentar expansionarse en otras áreas geográficas mediante la fundación de colonias. Establecidos primero en las islas del Egeo, desde el siglo VIII a.C. están en Egipto, fueron extendiéndose hacia Sicilia y el Noreste peninsular. Las más importantes colonizaciones fueron llevadas a cabo por los focenses a finales del siglo VII y comienzos del VI antes de Cristo.

La oposición cartaginesa hizo que los griegos se limitasen al Mediterráneo Norte. La primera fundación griega fue Rhode (Rosas) a cargo de los griegos de Marsella. En el 580 a.C. fundaron Emporión (Ampurias)[2] a partir de un establecimiento anterior denominado Palaiápolis. Parece ser que Tartessos ejerció una atracción bastante grande como para seguir la colonización hacia el sur. La acción de los colonizadores sobre la población indígena fue tan intensa que no sólo transformó su economía sino también sus costumbres y creencias. La introducción de nuevos cultivos y de nuevos animales domésticos como el asno, la gallina y el gato; la difusión del arado, la aparición de nuevas técnicas de salazón de pescado, e importantes innovaciones en muchas industrias artesanas (orfebrería, tejidos…) contribuyeron a un enriquecimiento general. Los intercambios estimularon el uso de la moneda por los indígenas y paulatinamente se pasó de una economía de autoabastecimiento a otra comercial y monetaria. Pronto se expandirían los productos griegos por todo el territorio peninsular, especialmente la cerámica. Al igual que los fenicios, también ellos ejercieron una importante influencia en los aspectos religioso-funerarios a través de la introducción de dioses y ritos. Entre los nobles de los pueblos indígenas se impuso como signo de distinción el modo de vida helénico. La colonización griega ha sido estudiada entre otros muchos por J. Alvar, A.J. Domínguez y A. García Bellido a cuyas obras nos remitimos para la ampliación del tema, (por ejemplo, la clásica en tres volúmenes Hispania Graeca de García Bellido (1948).

Colonización y conquista cartaginesa

Cartago fue una colonia fenicia. Esta ciudad ira creciendo en poder y autonomía hasta que finalmente se enfrente a los propios fenicios y se apodere de todas las rutas comerciales que sus progenitores habían abierto en la península Ibérica. Para impedir el asentaniento griego en el Sur de la Península ocuparon la isla de Ebussus (Ibiza).

Se asentaron en Málaga, pero su más importante colonización fue Baria (Almería) como gran puerto exportador de mineral y centro fabril del salazón. También se hizo importante la fabricación de la púrpura y su utilización en conexión con la industria textil, y el comercio del esparto. Los cartaginenses introdujeron avanzadas técnicas agrícolas, cultivos arbóreos como el granado, productos alimenticios como los huevos de avestruz y productos manufacturados.

Los cartagineses penetraron tierra adentro y ocuparon un importante territorio en el Sureste peninsular que se extendía hacia el Levante y Andalucía y llegaba hasta La Mancha. Cartago Nova fue su principal asentamiento. Permanecieron aquí hasta la Segundo Guerra Púnica (finales del siglo III a.C.). El tema se amplía en C.G. Wagner: Fenicios y cartagineses en la Península Ibérica, Madrid, 1983

Culturas autóctonas

Por culturas autóctonas entendemos las que surgen y se desarrollan en la península Ibérica. Algunas de ellas tuvieron contacto con los pueblos colonizadores, y su desarrollo sólo se puede entender en contacto con estas otras culturas alóctonas. Es pues un concepto relativo.

La cultura tartesia en Andalucía occidental

Su ubicación exacta es difícil. La mayor parte de los investigadores la sitúan en la región del Bajo Guadalquivir no como una ciudad única sino como una confederación de ciudades[3]. Parece que esta cultura fue extendiéndose con el tiempo hasta abarcar desde Huelva a Cartagena. El desarrollo de Tartesos (Tarteso o Tartessos) se produce a lo largo de los siglos IX y VIII a.C., momentos de mayor actividad comercial de los fenicios en Gadir y en los núcleos comerciales costeros. Estos introdujeron en Tartesos el cultivo del olivo y probablemente de vid. El desarrollo artesanal llegó también de la mano de los fenicios, con la introducción del torno de alfarero, de las factorías de salazones y de la generalización de la metalurgia del hierro. La influencia fenicia provocó cambios urbanísticos en los poblados indígenas, como el enlucido de las casas con arcilla coloreada, característico de las ciudades fenicias. La existencia de un excedente económico en Tartesos determinó diferencias sociales.

Por los textos posteriores de historiadores romanos y griegos se cree que la forma de gobierno pudo ser una monarquía, siendo Argantonio (630-550) el monarca con un carácter histórico mas constatado. El fundamento económico de esta primitiva civilización fue la agricultura, la ganadería, y más adelante e introducida por los colonizadores, la minería y la pesca. La actividad que tuvo una mayor importancia en el mundo tartésico fue la extracción de metales como la plata, el estaño y el cobre. Con ellos, establecen una importante red comercial con griegos y fenicios. Culturalmente constituyeron una civilización muy avanzada. Conocían la escritura, siendo la suya de forma silábica y constituida por 32 signos aún por descifrar. Eran grandes artistas en la fabricación de objetos y adornos metálicos. Dos buenos ejemplos de ello son el tesoro de Carambolo y el tesoro de Aliseda. La civilización tartésica acabara desapareciendo bajo el empuje cartaginés.

A partir del siglo VI a.C. y coincidiendo con el abandono de las colonias fenicias, comienza la decadencia de Tartesos. Su extenso territorio se fracturó entre diversos pueblos, destacando los turdetanos del valle del Guadalquivir. A mediados del siglo V a.C. estos pueblos, junto a los que ocupaban el espacio mediterráneo, recibieron el nombre de iberos. Un mayor desarrollo del tema en Shulten, A.: Tartessos, Madrid, 1971; o en obras más recientes de Wagner, Alvar y Blázquez.

La cultura ibérica

Para los griegos los iberos son los habitantes de Iberia, y no necesariamente los asentados junto a la costa, entre los que los autores antiguos distinguen diferentes pueblos[4]. La cultura ibérica está constituida por un conjunto de pueblos del litoral mediterráneo que poseen una serie de características comunes. Entre los pueblos ibéricos destacamos los Turdetanos (herederos de los tartésicos en el valle del Guadalquivir), Bastetanos (zona meridional de la Alta Andalucía), Oretanos (ubicados al norte de las Béticas), Mastienos (en el sudeste), Contéstanos (Valle del Júcar), Edetanos (Valencia y Castellón), Sedetanos (Ebro), Ilergetes (en el bajo Urgel), Suesetanos o Cessetanos (Tarragona), Layetanos (costas de Barcelona), Ausetanos (Gerona). Además de estos estaban otros muchos pueblos ubicados en la zona del interior donde el carácter ibérico se va debilitando a medida que nos alejamos de las costas. Capítulo aparte merece la existencia de los baleáricos, que reciben diversa influencia.

Tal vez todos estos pueblos hablaran una misma lengua, tuvieran una cultura material relativamente homogénea y un desarrollo socio-cultural similar, con importantes variantes regionales que no permitieran hablar de culturas diferentes. Debe hablarse de cultura ibérica para definir una serie de elementos culturales y espirituales que se repiten, con algunas variantes, desde la Baja Andalucía hasta el sur de Francia y penetra por la Meseta suroriental y por el valle del Ebro. Ruiz y Molinos han localizado seis estadios en la cultura ibérica: I (600-530), II (530-425), III (450-300), IV (300-150), V (150-60) y VI (60 a.C.-s.III d.C). El origen y formación es consecuencia de la evolución del substrato indígena orientalizante por el influjo de los pueblos colonizadores, cuyos contactos no fueron homogéneos, y esto, unido al diferente desarrollo socioeconómico y cultural de los propios pueblos, da lugar a variaciones internas de esta cultura. Tras esta primera fase de formación se fraguan las diferentes variedades culturales indígenas y se da paso a la época de mayor brillo de la cultura ibérica desde fines del siglo V a. C. hasta fines del siglo III a. C., conocida como cultura Ibérica Plena o Primera Etapa Ibérica, en la que se aprecia una ruptura con lo anterior y se construyen las grandes ciudades, ligadas a un crecimiento demográfico; los miembros de la élite se entierran bajo grandes túmulos en los que se reutilizan elementos de monumentos funerarios anteriores, se realizan las principales esculturas y se generaliza el comercio con la importación de cerámicas áticas de barniz negro, sobre todo en el sudeste, y con la creciente presencia de la cerámica gris de Ampurias; el final de este período inicia la crisis del mundo ibérico, caracterizado por la destrucción o abandono de poblaciones y el cese de las importaciones cerámicas. En una fase tardía entre fines del siglo III a.C. y el siglo I a. C., coincidiendo con el proceso de romanización, se producirá un nuevo auge de la cultura ibérica, manifestado particularmente en la cerámica con estilo Liria, Elche, Archena, etc., nueva prástica, acuñaciones monetarias y la extensión del alfabeto de su lengua, aún de muy difícil interpretación.

La forma política más frecuente era la monarquía; los monarcas eran una especie de reyezuelos que habían alcanzado cierta preeminencia en una determinada coyuntura. Socialmente hablando, constituían sociedades muy jerarquizadas como lo revelan los ajuares funerarios encontrados en los enterramientos. La jerarquía iba desde la nobleza aristocrática con poder militar y económico hasta los siervos, pasando por una nobleza intermedia que solo disfrutaba de poder económico, una clase media y una capa baja formada por agricultores, ganaderos y artesanos.

El panteón de los dioses iberos es variado y abundante. Aunque son dioses desconocidos, parecen estar emparentados con los dioses griegos y semitas. Son muy abundantes los santuarios situados en lugares naturales. Con carácter general se puede afirmar que entre los iberos existía una profunda religiosidad y que creían en la vida de ultratumba, como puede apreciarse en los complejos rituales en torno a la muerte.

La base de la economía era eminentemente agrícola; en agricultura destaca el cultivo del olivo, la vid, los cereales y los frutales. También la ganadería, la caza y la pesca. Los colonizadores fundaron fábricas de salazón asociadas a esta actividad pesquera. La actividad minera es muy importante como lo demuestra el hecho de que se multipliquen los yacimientos de hierro y las zonas mineras y la importancia creciente que experimentan los emplazamientos mineros de Castulo y Sisapo. Por otro lado, el comercio de productos propios y ajenos es otra destacada característica de esta cultura. En líneas generales los iberos son exportadores de materias primas variadas -metales como el oro, la plata, el cobre, y el hierro y fibras textiles como el esparto, el lino, la lana y la miel- e importadores de productos manufacturados como objetos de adorno y muy especialmente cerámica griega. Los griegos introducen en la economía ibérica la moneda. Las primeras acuñaciones ibéricas se hacen en Anpurias en el año 400 a. C. El comercio estimuló el uso de moneda propia entre los pueblos ibéricos y favoreció la aparición de una importante ruta comercial terrestre: la Vía Hercúlea, que atravesaba todo el territorio ibérico por la zona litoral.

Desde un punto de vista cultural, destacaremos la existencia de la escritura, la arquitectura fundamentalmente religiosa y funeraria (Santuario del Cigarralejo, Tumba de Toya), la escultura claramente religiosa hecha en arcilla (terracotas) piedra y en bronce (Dama de Elche, Dama de Baza), y, finalmente, la metalurgia y orfebrería, que denota el uso y afición a las joyas y a las armas (caetra, scutum, soliferreum y falcata). Capítulo aparte merece la cerámica, bellamente decorada con motivos geométricos (bandas, círculos), con figuras simbólicas (mujer con alas) o escenas narrativas (caza). Destacan los pastas de color castaño, gris y rojo. El mundo ibérico ha sido tratado entre otros por Almagro Gorbea,, Alvar, J. Blánquez, T. Chapa, A. Ruiz y M. Molinos (Los iberos, Barcelona 1993).

Los pueblos celtas del centro y norte de la península

Los pueblos no mediterráneos que ocupaban el territorio de la Península (vascones, lusitanos, galaicos, astures, cántabros, vacceos, arévacos, celtíberos…) fueron llamados pueblos Celtas por los romanos[5]. Eran muy diferentes entre sí, pero tenían en común su profunda vinculación al mundo indoeuropeo Occidental. En el primer milenio a.C., mientras los indoeuropeos que se establecieron en el Noreste fueron absorbidos por la civilización ibérica, los asentados en la Meseta, zona cantábrica y Oeste peninsular conservaron muchas de las características indoeuropeas: religión, idioma, organización, etc. La base de su economía era la ganadería lanar y vacuna, excepto los pueblos que habitaban las zonas llanas y fértiles de la Meseta, cuya economía estaba basada en la agricultura. El cultivo principal era el trigo, que además de utilizarse para el consumo, servía para hacer bebida.

Todos los pueblos conocían la metalurgia del hierro, en cuyo trabajo sobresalieron los celtíberos (valle del Ebro). Vivían en poblados situados en lugares elevados que facilitaban la defensa. Generalmente estaban protegidos por una doble muralla que formaba dos recintos: el interior, donde estaban las casas, y el exterior, donde en caso de peligro encerraban el ganado, base de su subsistencia. Característica común a todos los pueblos era su estructura tribal y el haber quedado al margen de la influencia de los pueblos colonizadores. Sin embargo, no podemos hablar de una cultura común, ya que son bastante heterogéneos.

Se trata de pueblos con tendencias nómadas y economía básicamente ganadera. En contraste con estos rasgos de primitivismo encontramos también que estos pueblos del interior y del norte estaban en posesión de un conocimiento metalúrgico muy perfeccionado. Posesn distintos lenguajes pero todos ellos de raíz indoeuropea. Algunos de estos pueblos, los menos, llegaron a conocer la escritura. Su localización, al igual que ocurre con los pueblos íberos, es difícil de establecer con certeza:

  • Celtiberos, ubicados en Celtiberia (valles de los ríos Jiloca, Jalón y Ebro y cuencas del Duero y Tajo). La pobreza de sus territorios les llevo a convertirse en tropas mercenarios como fuente de ganancias.
  • Carpetanos, situados al sur de los anteriores, en la comarca de Alcalá de Hoiares. Eran objeto de razzias por parte de sus vecinos y otros pueblos por lo que debían tener una próspera economía.
  • Vacceos y Vetones, establecidos en las actuales provincias de Salamanca, Cáceres y Ávila. Tenían una importante economía agrícola de carácter comunal, aunque el sistema social era gentilicio.
  • Cántabros, ubicados en la franja cantábrica entre el río Sella y el Ansón de economía agrícola escasamente tecnificada. Fueron un pueblo belicoso de estructura social básicamente matriarcal.
  • Astures, que ocuparon Asturias, León y Norte de Zamora. Tenían una estructura social gentilicia.
  • Galaicos, establecidos en la actual Galicia. Su estructura social era gentilicia y existía un fuerte matriarcado que más adelante se transformara en una sociedad patriarcal. Su economía era fundamentalmente recolectora, completada por la caza y el pastoreo. Son característicos sus castres o poblados fortificados con viviendas de planta circular.
  • Lusitanos, vienen a coincidir en su ubicación con lo que es el territorio portugués, aunque delimitar las fronteras del territorio de este pueblo es muy difícil. Económicamente tiene dos zonas muy diferentes: la costa, fértil y con riqueza mineral; y el interior, árido, de economía ganadera y con el pillaje como otra forma de subsistencia
  • Vascos, de este pueblo hay que destacar su carácter diferente a todos los de estudiados. Representan uno de los sustratos étnicos más antiguos de la península.

Bibliografía

Obras generales

  • VV. (1987): El megalitismo en la península Ibérica, Madrid, Ministerio de Cultura, Subdirección General de Arqueología y Etnología.
  • ALMAGRO, M. (coord.) (1993): Los Celtas: Hispania y Europa, Madrid, Editorial Actas.
  • ALVAR, J.; BLÁZQUEZ, J.M.; WAGNER, C.G. (1999): Fenicios y cartagineses en el Mediterráneo, Madrid, Cátedra.
  • BLASCO, C. (1993): El Bronce final, Madrid, Síntesis.
  • BLÁZQUEZ, J.M. (1992): Fenicios, griegos y cartagineses en Occidente, Madrid, Cátedra.
  • COLLADO, B. (2017): Los fenicios en la península Ibérica, Madrid, Akal.
  • DELIBES, G.; FERNÁNDEZ, M. (1993): Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en España, Madrid, Síntesis.
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  • GARCÍA CASTRO, J.A. (1987): «Arte rupestre en España», Revista de arqueología, Madrid, Zugarto ediciones.
  • GONZÁLEZ MORALES, M.R.; MOURE ROMANILLO, A. (1992): La Expansión de los cazadores. Paleolítico Superior y Mesolítico en el Viejo Mundo, Madrid, Síntesis.
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  • WAGNER, C.G. (1983): Fenicios y cartagineses en la Península Ibérica, Madrid.
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Colonización cartaginesa:

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  • Lancel, S., Aníbal, Crítica: Barcelona, 1994.
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  • Maluquer de Motes, J., Tartessos: La ciudad sin historia, Destino: Barcelona, 1970.
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  • Torres, M., Tartessos,Real Academia de la Historia, Bibliotheca Archaeologia Hispana 14: Madrid, 2002.

Los Iberos

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  • Aranegui, C., Los Iberos ayer y hoy. Arqueologías y culturas,Marcial Pons Historia: Madrid, 2012.
  • Bermejo Tirado, J., Breve Historia de Los Iberos, Nowtilus: Madrid, 2010.
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  • Gracia, F. y Munilla, G.,  Pueblos y Culturas en el Mediterráneo entre los siglos XIV y II a.C., Ediciones de la Universidad de Barcelona: Barcelona, 2004.
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  • Almagro Gorbea, M., “La celtización de la Península Ibérica. Bases para la investigación en el siglo XXI”, en Gonzalo Ruiz Zapatero y Jesús R. Álvarez-Sanchís (eds.), Castros y Verracos: Las gentes de la Edad del Hierro en el Occidente de Iberia, Diputación Provincial: Ávila, 2011, pp. 19-44.
  • —– (ed.), Protohistoria de la Península Ibérica: del Neolítico a la romanización, Universidad de Burgos y Fundación Atapuerca: Burgos, 2014.
  • Lorrio, A. y Ruiz Zapatero, G. (2005): “The Celts in Iberia: An Overview”, en e-keltoi. Journal of International Celtic Studies, n. 6. [Disponible en línea: https://www.researchgate.net/profile/Alberto_Lorrio/publication/29726495_The_Celts_in_Iberia_An_Overview/links/53f4c6260cf2888a749119b3/The-Celts-in-Iberia-An-Overview.pdf ]
  • Ruiz Zapatero, G., “¿Quiénes fueron los celtas? Disipando la niebla: mitología de un collage histórico”, en Martín Almagro Gorbea, María Mariné y Jesús R. Álvarez-Sanchís (eds.), Celtas y Vettones, Diputación Provincial: Ávila, 2001, pp. 73-91.
  • —–, “The Celts in Spain. From archaeology to modern identities”, en Sabine Rieckhoff (dir.), Celtes et Gaulois, l´Archéologie face à l´Histoire, I: Celtes et Gaulois dans l’histoire, l’historiographie et l’idéologie moderne. Actes de la table-ronde de Leipzig, 16-17 juin 2005, Centre archéologique européen: Glux-en-Glenne (Bibracte), 2006, pp. 197-218.

Notas

[1] Para un mayor desarrollo, puede visualizarse la siguiente conferencia del profesor Enrique Baquedano titulada «Una visión personal de Altamira» promovida por la Fundación Juan March: https://youtu.be/RsqoU6oFqXc. Se trata del ciclo de conferencias Arte rupestre. Este ciclo tuvo lugar del 9 al 18 de mayo de 2017.

[2] Para un mayor desarrollo, puede visualizarse la siguiente conferencia del profesor Joaquín Ruiz de Arbulo titulada «Emporion, una ciudad griega llamada “mercado”» promovida por la Fundación Juan March: https://youtu.be/KagbOjmUkuM. Se trata del ciclo de conferencias Ciudades de la antigüedad mediterránea. Este ciclo tuvo lugar del 3 al 24 de noviembre de 2016.

[3] Para un mayor desarrollo, puede visualizarse la siguiente conferencia del profesor Sebastián Celestino titulada “Tartessos” promovida por la Fundación Juan March: https://youtu.be/9KC_zV64oFI. Se inscribe dentro del ciclo de conferencias Iberia antes de Roma. Los pueblos que habitaron la península. Tuvo lugar del 30 de noviembre al 14 de diciembre de 2017.

[4] Para un mayor desarrollo, puede visualizarse la siguiente conferencia de la profesora Teresa Chapa Brunet titulada “Los iberos” promovida por la Fundación Juan March: https://youtu.be/npurYRPN9Zo. Se trata del ciclo de conferencias Iberia antes de Roma. Los pueblos que habitaron la península. Tuvo lugar del 30 de noviembre al 14 de diciembre de 2017.

[5] Para un mayor desarrollo, puede visualizarse la siguiente conferencia del profesor Gonzalo Ruiz Zapatero titulada “Los pueblos celtas en la península Ibérica” promovida por la Fundación Juan March: https://youtu.be/m8XirXeRitc . Se trata del ciclo de conferencias Iberia antes de Roma. Los pueblos que habitaron la península. Tuvo lugar del 30 de noviembre al 14 de diciembre de 2017.

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