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Ciencias Sociales

Tema 42. Los inicios de la Edad Moderna. El Arte Italiano de los siglos XV y XVI. “Renacimiento”: El modelo antiquizante y su nueva formulación.

El Renacimento es un término historiográfico que si bien surge ya en el siglo XVI, en tiempos de Giorgio Vasari, no es hasta el siglo XIX cuando adquiere su plena identidad para referirnos a una serie de creaciones artísticas de la Italia del XV y de toda la Europa Occidental a partir del siglo XVI que tratan de recuperar las formas clásicas del Imperio Romano. De la existencia de esas obras de arte y su fecha, no tenemos duda. Pero son otras muchas las obras que nos vienen a la mente al hablar del Renacimiento: las pinturas mitológicas de Boticelli, el David de Miguel Ángel o una que se convirtió en el símbolo no del Renacimiento en general, sino del Humanismo renacentista en particular, que es la Escuela de Atenas de Rafael.

Y aquí comienzan los problemas con el Renacimiento y esa visión humanista, antropocéntrica, que se explica en la mayor parte de los manuales sobre el tema. Sobre todo, cuando desde la obra del historiador suizo del siglo XIX , Jacob Burckhardt, publicada en 1860, se consideró que el Renacimiento no sólo era una creación artística, sino toda una forma de vida (cultural, social, política) que animó la Italia del XV y la Europa Occidental de comienzos del XVI.

Concepto y límites del Renacimiento

La crisis de los siglos XIV-XV es el contexto histórico en el cual aparece el Renacimiento, son siglos de hambres, pestes y guerras, de conflictos sociales y decadencia económica. Sin embargo, donde nosotros vemos crisis muchos contemporáneos veían modernidad, como muestran los partidarios de Ockham que proponen el divorcio entre Razón y Fe, o la música del siglo XIV que constituye el Ars Nova, y es que el paso a la modernidad se hará con dolor. La aparición de una economía monetaria vinculada al comercio a larga distancia, la aparición de una nueva clase social, la burguesía, y la sanción jurídica de las Monarquías Autoritarias son la clave del paso de la Edad Media a la Edad Moderna. El arte se independiza del estamento religioso, el patronazgo artístico pasa a ser ejercido, en medida muy importante por la burguesía rica de comerciantes y banqueros, con lo cual el arte se hace eminentemente laico y se ve inmerso en un proceso continuo de secularización.

Son muchas las causas que explican la aparición del Renacimiento en Italia y no en otro país europeo, para empezar el desarrollo de las ciudades-estado que competían entre sí mediante la creación de manifestaciones artísticas y que permite el ascenso social de la burguesía (mecenas de los artistas) y el despegue del capitalismo. La caída de Bizancio en 1453 llevó a Italia, y en particular a Florencia, muchos sabios portadores del bagaje cultural clásico, sin olvidar la cercanía del clasicismo del Antiguo Imperio Romano.

Humanismo y Renacimiento

Los supuestos históricos que permitieron desarrollar el nuevo estilo se remontan al siglo XIV cuando, con el Humanismo, progresa un ideal individualista de la cultura y un profundo interés por la literatura clásica, que acabaría dirigiendo, forzosamente, la atención sobre los restos monumentales clásicos. Italia en ese momento está integrada por una serie de estados entre los que destacan Venecia, Florencia, Milán, el Estado Pontificio y Nápoles. La presión que se ejerce desde el exterior impidió que, como en otras naciones, se desarrollara la unión de los reinos o estados; sin embargo, sí se produjo el fortalecimiento de la conciencia cultural de los italianos. Desde estos supuestos, fueron las ciudades las que se convierten en centros de renovación artística. En Florencia, el desarrollo de una rica burguesía ayudará al despliegue de las fuerzas del Renacimiento, la ciudad se convierte en punto de partida del nuevo estilo, y surgen, bajo la protección de los Médicis, las primeras obras que desde aquí se van a extender al resto de Italia.

Mientras que en Italia se estaba desarrollando el Renacimiento, en el resto de Europa se construye el gótico en sus formas tardías, situación que se mantiene, exceptuando casos concretos, hasta comienzos del siglo XVI. En Italia la convivencia con la Antigüedad clásica, considerada como un legado nacional, proporcionó una amplia base para una evolución estilística homogénea y de validez general. Fuera de Italia la Antigüedad clásica supondrá un caudal académico asimilable, y el desarrollo del Renacimiento dependerá constantemente de los impulsos marcados por este territorio. Artistas importados desde Italia o formados allí, hacen el papel de verdaderos transmisores.

Desde la perspectiva de la evolución artística general de Europa, el Renacimiento significa una ruptura con la unidad estilística que hasta ese momento había sido supranacional. Diferentes etapas históricas marcan el desarrollo del Renacimiento: la primera tiene como espacio cronológico todo el siglo XV, es el denominado Quattrocento, y comprende el Renacimiento temprano que se desarrolla en Italia, y en concreto en Florencia, es la fase del Renacimiento en la que los artistas luchan por el dominio de la técnica (todavía incipiente) y la creación de la forma artística. Florencia se convertirá en el “laboratorio” donde los artistas van a realizar investigaciones en arquitectura, pintura y escultura. La segunda se desarrolla en el siglo XVI, se denomina Cinquecento, y su dominio artístico queda referido al Alto Renacimiento, que se centra en el primer cuarto del siglo, es la fase donde la forma artística alcanza el equilibrio y la perfección, por lo que se convierte en modelo ideal a imitar por las generaciones venideras. Durante este siglo Roma, gracias al mecenazgo de Julio II, y en menor medida Venecia, desplazaran a Florencia como centro de las artes. Esta etapa desemboca hacia 1520-1530 en una reacción anticlásica que conforma el Manierismo, es la fase de inicio de la decadencia y ruptura de la forma equilibrada y perfecta del clasicismo.

El arquetipo vasarino y su validez

De forma genérica se pueden establecer las características del Renacimiento en:

  • La valoración de la Antigüedad Clásica. Si bien es cierto que durante la Edad Media se había continuado bebiendo de las fuentes de la tradición clásica, sobre todo de la latina, el mundo clásico proporciona ahora los modelos a seguir. Sin embargo, no se trata de imitar sino de superar, esto lleva a la búsqueda de un naturalismo idealizado, la aparición de la temática mitológica, un amor a la belleza como producto de la filosofía neoplatónica, la recuperación de las antiguas formas arquitectónicas como el orden clásico, la utilización de motivos formales y plásticos antiguos, la incorporación de antiguas creencias, así como la adopción de antiguos elementos simbólicos.
  • Exaltación de la naturaleza. La naturaleza se convierte en el eje de observación del mundo junto al hombre. Esto se manifiesta en el arte mediante la construcción de villas en el campo, la creación de fascinantes jardines y la búsqueda de una estética natural. Por otro lado se manifiesta mediante el desarrollo del espíritu científico, y su énfasis por aprender directamente mediante la experimentación con la naturaleza, surge así la figura del genio polifacético que, como Leonardo da Vinci, que domina todos los campos del saber. Esta aspiración de acceder a la verdad de la naturaleza, como en la Antigüedad, no se orienta hacia el conocimiento de fenómeno casual, sino hacia la penetración de la idea.
  • Visión antropocéntrica del mundo. El Renacimiento se caracteriza por una visión antropocéntrica del mundo una frente al teocentrismo medieval, hace al hombre medida de todas las cosas. Como arte esencialmente cultural, presupone en el artista una formación científica, que le hace liberarse de actitudes medievales y elevarse al más alto rango social.
  • Sometimiento del arte a las leyes matemáticas. Las matemáticas se van a convertir en la principal ayuda de un arte que se preocupa incesantemente en fundamentar de forma racional su ideal de belleza. Dado que los renacentistas eran consumados matemáticos, en sus obras buscaban la perfección matemática, son obras de arte caracterizados por el predominio de formas geométricas. El sistema de perspectiva fue inventado en Florencia en el siglo siglo XV por Brunelleschi, la idea era crear una ventana abierta al mundo (la fenestra aperta, que diría Alberti), era una perspectiva muy teórica (perspectiva lineal) donde las figuras del fondo aparecían con perfecta nitidez. Leonardo da Vinci aportó la perspectiva aérea, que degrada a los objetos en tamaño y nitidez, dando lugar al sfumatto. El Renacimiento se caracteriza por la búsqueda de la proporción, belleza y armonía, tres términos que están íntimamente ligados entre sí, la belleza se consigue con la correcta proporción matemática de las figuras, lo que conduce a la idea de armonía.

Italia

Arquitectura

Características

A lo largo del Quattrocento, s. XV, se produce la búsqueda de los elementos esenciales del nuevo lenguaje. Durante la primera mitad del s. la actividad se centra en Florencia, representada por artistas geniales, como Brunelleschi y L. B. Alberti, con obras llenas de novedad. Pero el renombre de Florencia y su fama posterior se la debemos a Giorgio Vasari.

Giorgio Vasari es un polifacético artista florentino del siglo XVI a quien se suele atribuir el término Renacimiento. Fue el primero en nombrar y describir los cambios dramáticos que se habían producido en disciplinas tan variadas como la pintura, la escultura o la arquitectura, unos cambios que tuvieron como epicentro la ciudad de Florencia. Desde entonces conocemos como Renacimiento no sólo a un estilo artístico, sino a todo un periodo de la historia de Europa que va de mediados del siglo XIV hasta mediados del XVI. Supuso una auténtica convulsión artística cuya base fue el redescubrimiento del ser humano. De ahí nacería el movimiento intelectual que se adueñaría de los siglos XV y XVI conocido como humanismo.

Tras siglos de elevada espiritualidad en la que los artistas se habían centrado más en lo divino que en lo humano, se retorno a la vieja máxima de Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”. Esto tuvo grandes implicaciones que no se quedaron en el ámbito artístico. La política se contagió de esta visión del mundo, pero fue más allá, e Renacimiento también asistió a la era de los descubrimientos y a los primeros balbuceos de la revolución científica.

Pero si por algo es fácilmente distinguible es por su expresión artística, algo único e inconfundible. Tratando de romper con el gótico y de continuar donde se había quedado la antigua Roma, los artistas florentinos firmaron algunas de las obras maestras del arte universal. Todos hemos oído hablar de Botticelli, de Miguel Ángel, de Donatello o de Leonardo da Vinci y no es casualidad. Su importancia es capital y su influencia aún se deja sentir medio milenio después.

En la segunda mitad del siglo esta arquitectura irradia hacia otros puntos de Italia, adoptando variantes locales y con tendencia al decorativismo.

El Pleno Renacimiento, S. XVI, se caracterizará por su tendencia hacia lo grandioso solemne, potenciando las formas masivas y la plasticidad, y eliminando en gran medida las decoraciones superfluas. El centro artístico pasa a Roma, donde los grandes mecenas – en especial los Papas Julio II y León X- consiguen rodearse de los principales artistas del momento- Bramante, Rafael, Miguel Ángel, que trabajarán para ellos. A finales del primer cuarto del s. XVI las circunstancias económicas, políticas y religiosas provocan una crisis que se manifiesta en el arte del Manierismo, este, aunque conserva las formas del clasicismo, distorsiona su serenidad y equilibrio a favor de subjetivismos y efectos de sorpresa.

Mientras proliferan los tratadistas, Serlio, Palladio, que codifican los hallazgos y principios arquitectónicos del Cinquecento, las obras que se construyen incluso cuando se trata de artistas bastante clasicistas, como Vignola o el mismo Palladio, reflejan los nuevos ideales.

La arquitectura renacentista se inicia en la Florencia de los Médicis a comienzos del s. XV. Se inspira en el mundo clásico, al que se aproxima tanto por una vía empírica, mediante el estudio de monumentos antiguos, con mediciones, dibujos, como por otra científica, a través del conocimiento e interpretación de Vitrubio. El edificio renacentista, creador de un espacio unitario y antropológico, es el resultado de un cálculo que se traduce en proporción, orden, simetría, armonía y diafanidad. Existe una concordancia sistemática de todas las partes entre sí y de éstas con la totalidad. El edifico ideal es simétrico en todos sus ejes (horizontal y vertical).

  • Utiliza como materiales, preferentemente, la piedra y el mármol.
  • Concede gran importancia al muro que vuelve a presentar su superficie plena y recobra su valor expresivo; cuidan el aparejo y paramento, que con frecuencia muestra almohadillados. Las ventanas pueden ser adinteladas y se transforman en edículas compuestas por columnas, semicolumnas o pilastras que apoyan un frontón triangular o de media vuelta; o en forma de arco, pasando a ser ventanas bíforas.
  • Los soportes se utilizan columnas, pilares muy desarrollados y pilastras y se ajustan a los órdenes romanos -toscanos, dórico, jónico, corintio y compuesto- introduciendo algunas libertades, como en la obra de Brunelleschi. Alberti emplea la superposición de órdenes y Miguel Ángel introduce el uso del orden monumental en las pilastras.
  • El arco, que se utiliza tanto como elemento constructivo como decorativo, es siempre de medio punto.
  • Las cubiertas son: abovedadas; en este caso se cañón, la bóveda vaída, de cúpula de gran tamaño pechina y con linterna. Planas con casetones o emplea la bóveda de medio punto o de lunetos y, sobre todo, la cúpula sobre tambor o pechinas.
  • Los elementos decorativos son tectónicos -columnas, pilastras, frontones, arcos-, esculpidos, esgrafiados o pintados sobre estucos. Formalmente se inspiran en la antigüedad, como los casetones, grutescos, guirnaldas o decoraciones “candeliere”, flores, frutos, trofeos, putti o amorcillos, cintas, medallones, etc. Se utiliza el bicromatismo, el gris de la piedra serena y el blanco, para resaltar el valor estructural de los elementos a la vez que es decorativo.
  • Hay más interés por los valores plásticos que por los constructivos. Se aprecia en alto grado la proporción, asociada a la figura humana como punto de referencia, la simetría, que marca la preferencia por las formas perfectas del círculo y el cuadrado, y, en consecuencia, la armonía y el ritmo.
  • Aporta un concepto del espacio interno unitario, homogéneo, estático, delimitado y mensurable a primera vista, organizado de acuerdo con planteamientos perspectivísticos. Está iluminado por una luz natural, integral y equilibradora de un espacio considerado como un todo racional, que penetra por ventanas circulares o rectangulares de cristales incoloros.
  • Los exteriores muy cuidados, repiten el sistema espacial interno y contribuye a la belleza ciudadana, con un gran interés por el urbanismo que lleva a abundante teorización sobre la ciudad ideal y realización de ordenaciones urbanísticas que aunque parciales son muy notables. En las fachadas se sobrevalora lo ornamental en detrimento de lo estructural, se conciben como arcos de triunfo o como fachada-retablo.
  • La gran variedad tipológica de las construcciones se manifiesta en: Iglesias, que utilizan dos esquemas principales de planimetría: la basílica, en forma de cruz latina y la planta centralizada, que se justifica por razones geométricas y religiosas, ya que el círculo se considera la forma más perfecta y por tanto atribuible a Dios. Los modelos fueron el Panteón de Agripa y modelos bizantinos como el baptisterio de S. Juan en Florencia. En el interior, se utilizan elementos constructivos clásicos, iluminación racional y proporción. En el exterior, se sobrevalora lo ornamental en detrimento de lo estructural, se conciben como fachada retablo, en España, o arcos de triunfo, S. Andrés de Mantua.
  • Edificios civiles, interesantes por su número y variedad formal: villas, palacios, hospitales, bibliotecas, etc. El palacio va unida a la idea del señor urbano, del burgués. El modelo consiste: en una forma cúbica, con un patio central rodeado de dependencias y dividido en 3 plantas separadas por líneas de impostas, frisos o cornisas, con grandes ventanas bíforas con frontones semicirculares o triangulares alineadas, columnas o pilastras decorativas y cornisas salientes que marcan la horizontalidad y una puerta en la fachada. El paramento o muro se realiza con grandes almohadillados. Las villas, son casas de campo, antecedentes de los palacios barrocos, se caracterizan por las galerías y arcadas con que se abren a la naturaleza.

Cronología

A lo largo del Quattrocento, s. XV, se produce la búsqueda de los elementos esenciales del nuevo lenguaje. Durante la primera mitad del s. la actividad se centra en Florencia, representada por artistas geniales, como Brunelleschi y L. B. Alberti, con obras llenas de novedad.

En la segunda mitad del siglo esta arquitectura irradia hacia otros puntos de Italia, adoptando variantes locales y con tendencia al decorativismo.

El Pleno Renacimiento, S. XVI, se caracterizará por su tendencia hacia lo grandioso solemne, potenciando las formas masivas y la plasticidad, y eliminando en gran medida las decoraciones superfluas. El centro artístico pasa a Roma, donde los grandes mecenas – en especial los Papas Julio II y León X- consiguen rodearse de los principales artistas del momento- Bramante, Rafael, Miguel Ángel, que trabajarán para ellos. A finales del primer cuarto del s. XVI las circunstancias económicas, políticas y religiosas provocan una crisis que se manifiesta en el arte del Manierismo, este, aunque conserva las formas del clasicismo, distorsiona su serenidad y equilibrio a favor de subjetivismos y efectos de sorpresa.

Mientras proliferan los tratadistas, Serlio, Palladio, que codifican los hallazgos y principios arquitectónicos del Cinquecento, las obras que se construyen incluso cuando se trata de artistas bastante clasicistas, como Vignola o el mismo Palladio, reflejan los nuevos ideales.

Quattrocento (S. XV)

La arquitectura renacentista nace de la admiración de las ruinas romanas y de la obra del tratadista romano Vitrubio Tratado de Arquitectura.

Filippo Brunelleschi (1377-1446)

Filippo Brunelleschi (1377-1446). Considerado como el fundador del estilo renacentista en arquitectura fue educado como escultor. Tras su derrota, en 1402, por Lorenzo Ghiberti en el concurso para las puertas de bronce del Baptisterio de Florencia, marchó a Roma donde se dedicó a estudiar y a medir los edificios antiguos. En 1417, ganó el concurso para coronar la catedral de Florencia con una colosal cúpula. Pintor, escultor y arquitecto construyó sus edificios con elementos arquitectónicos clásicos: arcos de medio punto, bóvedas de cañón, columnas y pilastras, frontones… construye la primera gran obra del Renacimiento, la Cúpula de la catedral de Florencia, inspirada en la del Panteón de Roma, entre sus obras destacan la iglesia de San Lorenzo y la Capilla Pazzi.

Leon Battista Alberti (1404-1472)

Leon Battista Alberti (1404-1472) encarna al artista científico y erudito, escribió tratados de arquitectura (De re Aedificatoria), escultura y pintura. En los que crea una ciencia arquitectónica basada en el número y la proporción; sus armonías numéricas son análogas a las musicales, pues se pueden descomponer en proporciones constantes. Es un gran defensor de los templos de planta central que considera símbolos de Dios. Define la belleza como “la armonía y proporción de todas las partes, obtenidas de tal manera que nada se pueda añadir, quitar o cambiar”. Sus iglesias son la práxis de su obra teórica, las llama templos con un deseo de unificar lo clásico y cristiano, sirven de ejemplo el Templo Malatestiano de Rímini, panteón para la familia Malatesta, del que destaca la portada a modo de arco del triunfo y la Iglesia de Sant’ Andrea en Mantua, también la fachada de Santa Maria Novella de Florencia. Hizo descripciones de ciudades por lo que fue solicitado de asesor en Pienza, modelo ideal de ciudad renacentista abierta y amplia gracias a sus plazas mayores. Renovó la tipología palacial siguiendo las descripciones de Plinio, sus villas eran construcciones de pequeña altura que quedaban perfectamente integradas en el paisaje, es el caso de la Villa Belvedere construida para Inocencio VII sobre una colina en el Vaticano. Fijó el modelo de palacio renacentista con almohadillado alla rustica, como hacían los antiguos romanos en el Palazzo Rucellai.

Cinquecento (S. XVI)

El centro de la vida política y del arte se traslada a Roma, ciudad que debe a los papas su esplendor y su riqueza. Julio II, León X y Sixto V son los grandes mecenas de los artistas. En este siglo se puede distinguir dos etapas: En primera etapa predomina el sentido de la medida y el equilibrio; En la segunda etapa se inicia ya el dinamismo protobarroco, en forma manierista, con una mayor profusión de elementos arquitectónicos, puros, pero empleados con un gran sentido decorativo y en movimiento. Durante este siglo se imponen las plantas centrales, en los que prevalece el simbolismo católico. Los dos grandes arquitectos del s. XVI serán Bramante y Miguel Ángel. Junto a ellos hay que citar a una serie de tratadistas como Serlio, Vignola, creador en su templo del Gesú de Roma del templo típico de la Contrarreforma, Palladio, iniciador del “Orden gigante” y creador de un modelo de villa, con pórticos.

Donato Bramante (1444-1514)

Bramante (1444-1514). Creador del estilo clásico del Renacimiento cuando se traslada a Roma en 1499. Abandona su manera decorativista e ilusionista e introduce una arquitectura donde predomina el orden, la medida, proporción y masa. Concibe la arquitectura como un puro contraste entre llenos y vacíos, sombras y luces, acentuando los valores constructivos y los volúmenes de las partes. Pintor y arquitecto introdujo el Alto Renacimiento en Roma, donde su obra más famosa fue el planeamiento de la Basílica de San Pedro. Tuvo una formación quattrocentista pero su plenitud artística la alcanza en el siglo XVI. Su arquitectura está caracterizada por la severidad y el uso de planta central cubierta con cúpula, es un maestro insuperable de lo que podríamos llamar composición arquitectónica, entre sus obras destaca el Templete de San Pietro en Montorio, un templo circular grecorromano coronado por una cúpula con linterna, es el mejor exponente de lo que él llamaba renovatio vetustatis.

Michelangelo Buonarroti (1475-1564)

Miguel Ángel (1475-1564), como arquitecto, representa un cambio hacia el manierismo, creador del orden gigante de enormes pilastras, trabajó en la Basílica de San Pedro del Vaticano aportándole su gran cúpula inspirada en la de Florencia, otra obra suya es la Biblioteca Laurenciana cuya escalera manifiesta profundas dosis barrocas.

Jacopo Vignola (1507-1573)

Vignola (1507-1573) fue arquitecto y tratadista, autor de fascinantes villas de tipo clásico con aportaciones manieristas, dotadas de grandes jardines con los que fusionaba vegetación y arquitectura, así nos lo muestra en el Palacio Farnese en Caprarola.

Andrea Palladio (1508-1580)

Andrea Palladio (1508-1580) fue un importante arquitecto de la República de Venecia. Trabajó fundamentalmente en la ciudad de Venecia y alrededores. Se lo considera un autor del manierismo, sus villas campestres y otras obras han influido de manera importante en la arquitectura del Neoclasicismo. Su obra Los cuatro libros de arquitectura tuvo una influencia en Europa de tamaño capital, estableciendo tipologías para todas las construcciones, es el autor de la Iglesia del Redentor en Venecia, La Basílica de Vicenza, La Villa Rotonda, El Palazzo Chiericati en Vicenza, etc.

Escultura

Características

La escultura cuatrocentista tiene como modelo la escultura clásica. El Renacimiento supone, para la escultura, una liberación respecto a la arquitectura, aunque esta liberación no es absoluta en sentido escultórico, pues cae bajo el dominio de los prejuicios visuales, pictóricos, que suponen las teorías de la perspectiva.

  • Emplea diversos materiales, piedra, madera, terracota, bronce…, logrando con ellos gran perfección técnica, ya mejorando los métodos existentes o explorando nuevas vías.
  • Hay gran interés por la textura de las superficies, que a veces presentarán acabados muy pulidos y tersos y otras facturas más abocetadas y expresivas.
  • Se domina el volumen externo e interno, si bien es más coherencia de superficies que realización de masas; existe un marco ilusorio de referencia y un punto de vista preferencial hasta la etapa manierista, que propondrá variedad de puntos de vista, con su gusto por el movimiento helicoidal.
  • Los géneros más utilizados son la estatua, el busto, el relieve, los medallones o tondos y las medallas. Los lugares en donde se va destinar la obra escultórica son: puertas monumentales, altares, sarcófagos (arcosolio, túmulo y en forma de retablo), fuentes públicas, pulpitos, estatuaria urbanística. El relieve tendrá carácter abiertamente pictórico, y se ajustará a las leyes de la perspectiva lineal, consiguiendo, con el schiacciato o aplastado, complejos efectos de profundidad.
  • Los esquemas compositivos son simples y geométricos, basados en la proporción de líneas, volúmenes y masas, clara articulación, axialidad y equilibrio.
  • El movimiento se patentiza a través del contraposto y la tensión del movimiento en potencia, hasta llegar al manierismo que añadirá las posiciones inestables y movimiento en caída, expresados en su preferencia por la helicoidal.
  • El problema de la luz interesó mucho a los teóricos, pero en la práctica se busca que ilumine la obra de modo homogéneo.
  • El color no siempre está presente. En ciertos materiales, como el mármol de Carrara, se potencian las cualidades propias, sin más policromía; si se trata de bronce se añaden pátinas. En otras ocasiones, no siempre se responde con valores reales, como es el caso de las terracotas de los Delia Robbia (Hospital de los Inocentes).
  • La expresión es figurativa, naturalista e idealizada, con interés por la belleza formal, basada en la proporción y la armonía. Ahora no se pretende atraer al creyente por el sentido religiosos de una obra sino que se disfruta del sentimiento de las formas, como puro placer estético. Se domina la representación del cuerpo humano, renace el desnudo, y proliferan tratados sobre las proporciones, basados, en general, en las teorías de Policleto, pero que se aplican con flexibilidad (se generaliza el canon 9-10, pero no es fijo, durante el Manierismo se altera el sistema de proporciones).
  • Sus temas fundamentales, el hombre y la Naturaleza, responden a un contenido religioso o profano -histórico, alegórico-mitológico- y se multiplican los retratos, tanto reales como heroicos, de cuerpo entero o busto, ecuestres, etc. Responden a una función religiosa, política o cívica, exaltando al Estado o al individuo, como símbolo de una clase social o ideológica concreta.

Sus primeras manifestaciones aparecen en la Florencia del Quattrocento, con Ghiberti y Donatello. La segunda mitad del s. XV está representada por los seguidores de Donatello, en su vertiente más amable, taller de los Delia Robbia, o en la más expresiva y severa, como Verrocchio. El Cinquecento supone la culminación de las experiencias del siglo anterior, con clara tendencia hacia la grandiosidad monumental, que se potencia con los hallazgos arqueológicos de la Antigüedad, en especial el grupo de Laocoonte. El clasicismo escultórico está representado por la figura de Miguel Ángel, personalidad única y revolucionaria, cuya obra se define por el dominio de la composición, las figuras grandiosas y arquetípicas, de expresión dramática y dinamismo en tensión.

Quatrocento (S. XV)

Lorenzo Ghiberti (1378-1455)

Lorenzo Ghiberti (1378-1455) escultor, orfebre y arquitecto. En 1402, se celebra un concurso para realizar las segundas puertas del Baptisterio de Florencia; a él concurrieron Ghiberti, Jacopo dell Quercia y Brunelleschi; el tema era el Sacrificio de Issac, y triunfó Ghiberti por la composición de las figuras, la gracia de las líneas y la armonía de las proporciones y por la ambientación paisajística dentro de un marco tetralobular. En 1425 el gremio Calimala le encarga la realización de las terceras puertas del Baptisterio, las que se encuentran enfrente de la entrada principal de Sta. María dei Fiori. Trabaja durante 20 años en estas puertas, que Miguel Ángel denominó puertas del paraíso. Representa en 10 recuadros, cinco en cada batiente (puertas), diversos episodios de cada relato del Antiguo Testamento, desde la creación de Adán y Eva, el diluvio, David y Goliat, Salomón y la reina de Saba, etc. Están realizadas en bronce y posteriormente doradas, logra la concepción pictórica del relieve, representando la perspectiva mediante un modelado decreciente hacia el fondo, esculpiendo en alto, medio y bajo relieve las figuras sobre un paisaje de árboles y rocas o arquitectónico en bajorrelieves. Ambas puertas están enmarcadas con figuras de cuerpo entero y medallones con pequeños bustos, entre ellos los del propio escultor y su hijo. En ellas empleó la técnica del schiachiatto consistente en la multiplicación de los planos de profundidad (las figuras de primer plano tienen más bulto que las del fondo) esto permite representar la perspectiva, a lo cual contribuye el paisaje de fondo.

Donatello (1386-1466)

Donatello (1386-1466). Máximo creador del Renacimiento junto con Brunelleschi y Masaccio. Escultor polifacético, trabaja desde el relieve apenas perceptible o schiaciato (aplanado), hasta el bulto redondo. Esculpe en diversos materiales, mármol, bronce y madera. Centra su atención en la figura humana, a la que representa en las más diversas edades y tipos, en los más vanados gestos y actitudes, expresando los estados espirituales más dispares. Sus figuras plásticas expresan una voluntad de vida y movimiento que, aun partiendo de ciertos cánones clasicistas, se convierten en formas plenas de sentimiento y de vida, tensas a causa de una voluntad de acción y penetradas de un dinamismo dramático. Dinamismo al que corresponde la intensidad y verismo de los sentimientos reflejados en los rostros: reflexión y voluntad decidida. Su David (primer desnudo del Renacimiento) o el San Jorge manifiestan perfectamente el uso del naturalismo idealizado. Su escultura, El Gattamelata, inspirada en la ecuestre de Marco Aurelio, se convierte en modelo a imitar por toda la escultura ecuestre renacentista, ensalzando las virtudes del condotiero italiano.

Cinquecento (S. XVI)

Miguel Ángel Buanorroti (1475-1564)

Miguel Ángel Buanorroti (1475-1564) fue un genio polifacético pero ante todo escultor, por eso su arquitectura y pintura presentan un carácter escultórico. Características: monumentalismo y colosalismo de sus figuras dotadas de fuerza expresiva y tensión dramática (terribilitá), y el equilibrio entre masa y movimiento (contrapposto).

Primeras obras. Entre los años 1490 y 1492 hizo sus primeros dibujos, estudios sobre los frescos góticos de Masaccio y Giotto; entre las primeras esculturas se cree que hizo una copia de una Cabeza de fauno, en la actualidad desaparecida. Se muestra como el claro heredero del arte florentino de los siglos XIV y XV, a la vez que establece una vinculación más directa con el arte clásico.

Primera estancia en Roma. (1496-1498) La primera obra que realizó fue un Bacus de medida natural, con gran parecido a una estatua clásica. Es ésta claramente primera gran obra maestra de Miguel Ángel, donde se muestra la característica constante de la sexualidad en su escultura.

En 1497 recibió el encargo de una Piedad, la originalidad con la que trató esta pieza Miguel Ángel se nota en la ruptura con el dramatismo con el que hasta entonces se trataba esta iconografía, que siempre mostraba el gran dolor de la madre con el hijo muerto en sus brazos. Miguel Ángel, sin embargo, realizó una Virgen, serena, concentrada y extremadamente joven, y un Cristo que parece que esté dormido y sin muestras en su cuerpo de haber padecido ningún martirio: el artista desplazó toda clase de visión dolorosa con tal de conseguir que el espectador reflexionase delante del gran momento de la muerte.

Retorno a la Toscana. Piero Soderini, un admirador de Miguel Ángel le hace uno de los encargos más importantes de su vida: el David. Miguel Ángel realizó un modelo en cera y se puso a esculpir en el mismo lugar donde estaba ubicado el bloque sin dejar que nadie viera su trabajo durante más de dos años y medio, que fue el tiempo que tardó en acabarlo. Hizo la representación de la escultura en la fase anterior a la lucha con Goliat, con una mirada cargada de incertidumbre y con la personificación simbólica de David defendiendo la ciudad de Florencia contra sus enemigos. Los florentinos vieron el David como símbolo victorioso de la democracia. Esta obra muestra todos los conocimientos y estudios del cuerpo humano conseguidos por Miguel Ángel hasta esa fecha.

La tragedia de la sepultura. El año 1505 fue llamado a Roma por el papa Julio II para proponerle la construcción de la sepultura papal, que se habría de poner bajo la cúpula de la basílica de San Pedro del Vaticano. Toda la sucesión de hechos durante los cuarenta años que se tardó para la realización de la tumba fue llamada por Ascanio Condivi «la tragedia de la sepultura», como será conocido desde entonces todo el desfile de infortunios de esta obra. El artista consideró el sepulcro de Julio II la gran obra de su vida. La gran escultura del sepulcro es la figura del Moisés, la única de las ideadas en el primer proyecto que llegó al final de la obra. La estatua colosal, con la terribilitá de su mirada, demuestra un dinamismo extremo. Está colocada en el centro de la parte inferior, de manera que se convierte en el centro de atención del proyecto definitivo. El resto del monumento fue realizado por sus ayudantes.

Las tumbas de los Médici. El papa Clemente VII, hacia el año 1520, le encargó el proyecto para las tumbas de sus familiares Lorenzo el Magnífico, y su hermano Juliano. Una vez aprobado el proyecto, no se empezó a realizar hasta 1524, cuando llegaron los bloques de mármol de Carrara. Miguel Ángel aplicó las esculturas al lado de la arquitectura de las paredes; todas las molduras y cornisas cumplen la función de sombra y luz y, se componen de un sarcófago curvilíneo sobre las que hay dos estatuas con la simbología del tiempo. En la de Lorenzo, el Crepúsculo, con los trazos de un hombre que envejece pero que aún tiene plena posesión de su fuerza, el cual tiene una actitud simétrica a la Aurora, que se encuentra a la derecha y por encima de ambas, dentro de una hornacina, la estatua de Lorenzo, que tiene la cabeza cubierta con el casco de los generales romanos; su actitud de meditación hizo que enseguida se le conociera con el nombre de «el pensador».

Encima de la tumba de Juliano están las alegorías de la Noche, que a pesar de simbolizar la muerte anuncia la paz suprema y el Día que muestra la cabeza inacabada de un hombre, siendo muy singular esta representación de una persona mayor. Simboliza la imagen del cansancio de empezar un día sin desearlo. Sobre ellas la estatua de Juliano con un gran parecido a la escultura del Moisés de la tumba de Julio II; a pesar de la coraza con la que lo vistió, se aprecia el cuerpo de un joven atleta. En definitiva, los retratos de estos personajes de la casa Médicis son más espirituales que físicos, se muestra más el carácter que no la apariencia material. Cuando se le dijo al escultor que se parecían poco a las personas reales, contestó: ¿Y quién se dará cuenta de aquí a diez siglos?.

Otras obras. Del resto de su catálogo podemos destacar la Piedad Rondanini, que sería la última escultura en la cual trabajaría hasta la vigilia de su muerte. La religiosidad que muestran estas últimas esculturas es el resultado de una crisis interna del autor. Las imágenes de la Piedad Rondanini son alargadas y tanto el Cristo como la Virgen se encuentran completamente unidos como si se tratase de un solo cuerpo, se aprecia una frontalidad dramática de origen medieval. La dejó, inacabada.

Pintura

Características

El problema que plantea la pintura renacentista es la ausencia de modelos de la antigüedad. Parte de las experiencias del Trecento, pero aportará grandes modificaciones que sientan las bases de la pintura moderna.

  • Las técnicas son variadas, pues se hace tanto pintura mural al fresco como pintura de caballete, primero sobre madera y después sobre lienzo, con temple de huevo y posteriormente por influencia flamenca, el óleo
  • La factura y textura presentan gran variedad.
  • La línea como contorno tiene gran importancia entre los pintores quattrocentistas, que le darán gran pureza y potencial expresivo, pero en el s. XVI, en Venecia, pierde interés frente a la luz y el color.
  • Su intención de verosimilitud les llevará a preocuparse por el modelado, que harán con efectos de luz y sombra, con resultados muy escultóricos o con matices, como el sfumato de Leonardo.
  • La luz, lógica y racional, a imitación de la Naturaleza, es intensa en los primeros planos y disminuye en los fondos, ayudando a los efectos de perspectiva, mientras que el color, aunque alguna vez tenga contenido simbólico, es real.
  • Una de las principales aportaciones propuestas por esta pintura se refiere a la construcción racional del espacio, mediante unas leyes objetivas que se basan en la teoría de la “perspectiva lineal”. Se crea así, de forma artificial, un espacio pictórico tridimensional, en el que se sitúan los objetos de forma rigurosa, según un orden marcado por la proporción, y que se desarrolla ante el espacio como si fuese el cuadro una ventana abierta. Pese a que responde a una visión monocular y condiciones de inmovilidad perfecta, con un punto de vista fijo, su validez no será cuestionada hasta la aparición del cubismo.
  • También se formulará la “perspectiva aérea” basada en la difuminación de contornos y colores como efecto de la distancia, y desde finales del XV, como consecuencia del dominio de la perspectiva, se indagarán refinados engaños ópticos, como los escorzos violentos, trampantojos…, que serán especialmente gratos a la pintura manierista, que llega a crear un espacio trastocado por los recursos ilusionistas: deformaciones, perspectivas forzadas, quadratura, anamorfismo.
  • La composición se organiza de acuerdo con esquemas geométricos elementales, triángulo, círculo, pentágono, y ajustándose a las proporciones de la “sección áurea”. En el quattrocento y cinquecento se prefiere la simetría y compensación de grupos o masas, en el Manierismo se inclinará por composiciones más inestables y asimétricas.
  • La forma de expresión es figurativa, naturalista e idealizada, que concede una importancia básica a la figura humana bella y proporcionada e individualizada, más que en el sentido de copia fidedigna del modelo, de forma psicológica.
  • El contenido, el hombre y la naturaleza, son de carácter religioso o profano (mitológico, alegórico, retratos), y la función también es religiosa, política y cívica, exaltando al individuo o al Estado, como símbolo de una clase social o ideológica concreta.

Quattrocento (s. XV)

La generación experimental de pintores es un conjunto de artistas que establecen los principios de la pintura moderna.

Masaccio (1401-1428)

A esta generación pertenece Masaccio, que fue el primero en introducir la perspectiva en la pintura. Es el creador de la nueva sensibilidad, poderosa y monumental, totalmente desligada de la sensibilidad gótica, que entronca con la grandiosidad escultórica de Giotto, de quien recoge la perspectiva, plasticidad, volumetría, color y su gravedad expresiva, donde lo psicológico constituye una preocupación constante. Logra la profundidad, no sólo con la perspectiva geométrica, sino con la disposición de las figuras que ocupan un volumen en la composición y al contraste del color. Introduce el realismo en la pintura representando en sus personajes fisonomías vulgares y normales con dignidad y expresión. Crea un arte grandioso y dramático con un sentido de la monumentalidad de las masas y con una preocupación por el volumen de las figuras. Evita lo anecdótico y acentúa el valor de lo sustancial. El sentido plástico, escultórico, trae consigo la valoración del plano, la conquista espacial, con amplios escenarios y perspectivas. El color lo aplica para conseguir una gradación en relación con las leyes de la perspectiva. La gama fría (azules, grises) determina el alejamiento. La luz establece una relación ambiental entre figuras y objetos y crea un espacio dinámico. Utiliza la gradación de escalas en la figura en atención al plano de situación en el espacio pictórico. Su obra maestra corresponde a los Frescos de la Capilla Brancacci de la iglesia del Carmen de Florencia. Es un ciclo mural sobre episodios de la vida de s. Pedro.

Piero Della Francesca (1415-1492)

Piero Della Francesca centró su preocupación en los juegos de luces y sombras, y en la representación de la proporción del cuerpo humano, una de sus mejores obras es El Bautismo de Cristo.

Paulo Ucello (1397-1475)

Paulo Ucello se sintió atraído por la representación de la perspectiva y del movimiento, La batalla de San Romano es uno de sus mejores ejemplos.

Andrea Mantegna (1431-1506)

Andrea Mantegna es el más completo de los pintores cuatrocentistas de la generación experimental, supo sintetizar como nadie los nuevos hallazgos con la pintura de Flandes, con lo que sentará las bases de la escuela veneciana del color, su concepción de la perspectiva se realiza desde un “punto de vista bajo” lo que posibilita proyectar figuras en un cielo imaginario, lo aplica en la cúpula de la Cámara de los Esposos en el palacio Ducal de Mantua, es autor también de extraordinarios escorzos como El Cristo muerto.

Fra Angelico (1395-1455)

También existió un conjunto de artistas continuadores de la tradición del gótico, entre los que destaca Fra Angélico, autor de dulces vírgenes, si bien no duda en utilizar algunos recursos de la pintura moderna como la perspectiva, una de sus obras más emblemáticas es el Descendimiento de Cristo.

Conocido como fra Angelico, se repite que Guido di Pietro “fue pintor antes que fraile” pese a que la convivencia de ambas dedicaciones fue una constante en su vida. “Fra Angelico fue el primero que comprendió, cronológicamente, cuál fue la lección de Masaccio” afirma el catedrático de Historia del Arte José Manuel Cruz Valdovinos, que analiza la pintura del monje dominico y señala las características formales –anatomía, espacio, profundidad y perspectiva– de sus aportaciones a los comienzos de la pintura renacentista, al quattrocento italiano.

Desde su entrada como fraile dominico en el monasterio de Santo Domingo de Fiesole, fra Angelico continuará pintando –con la colaboración de Benozzo Gozzoli– para encargos de particulares. Bajo mecenazgo de Cosme de Medici realizó el retablo y los frescos de San Marcos de Florencia, y posteriormente viajó a Roma para decorar la Capilla Nicolina en el palacio del Vaticano, a petición del papa Nicolás V. Tras realizar la decoración del armario de la plata de la Santa Anunciación de Florencia, será llamado de nuevo a Roma, donde muere en el convento de Santa María Sopra Minerva en 1455. José Manuel Cruz Valdovinos, catedrático de Historia del Arte, destaca la importancia del colorido luminoso que fra Angelico aportó al Renacimiento, de influencia destacada en el pintor francés Jean Fouquet.

La generación de pintores de fin de siglo se ocupa de la belleza, a ella pertenecen Ghirlandaio, Signorelli, Filippo Lippi, Perugino y Sandro Botticelli que dota a sus personajes de suaves rostros, creando un prototipo de belleza femenina donde plasma el amor platónico predicado por Marsilio Ficino, la belleza física es un reflejo de la belleza espiritual, paso hacia la unión con la idea de Bien que identifica con Dios, así lo demuestra en El nacimiento de Venus y La Primavera.

Sandro Botticelli (1445-1510)

Se forma con Verrochio, pero debe mucho a Fra Filippo Lippi. Influenciado por el Neoplatonismo, pretende sobrepasar la realidad, transcenderla, persigue la “Idea”; La idea del Neoplatonismo no es nada definido, sino un vago estar-más-allá respecto a la naturaleza (el espacio y el tiempo). Lo “Bello” es más una desconfianza de la realidad que una imagen perfecta. Poco preocupado por las conquistas técnicas, su pintura es más ideológica, intenta expresar el mundo mental elaborado por los humanistas, a través de la temática mitológica e histórica asumidas como ideas religiosas. Gran dibujante, las figuras están limitadas por las líneas rítmicas y ondulantes, vestidos fluctuantes. La expresión de la belleza es melancólica, y en sus desnudos predomina lo espiritual e intelectual antes que lo sensual. El color no da corporeidad y la luz no busca efectos de luz y sombra, sino sólo como se refleja en los objetos.

Hacia 1480 trabaja en Florencia y es en esta etapa cuando realiza sus cuadros más conocidos: La Primavera, y El nacimiento de Venus. Hacia 1484 va a Roma llamado por Sixto IV para decorar las paredes laterales de la Capilla Sixtina con temas del Antiguo Testamento. Tras la decadencia de los Médici y la crisis religiosa que provoca Savonarola, sufre una crisis hacia finales de siglo. Se da una regresión en su pintura, a principios estilísticos propios del gótico internacional, frenando su estilo. Usará luces doradas, abandona el naturalismo y se dedica a temas religiosos, con un gran patetismo, buscando la espiritualización.

Piero della Francesca (1416-1492)

Piero della Francesca trabajó para familias nobles fuera de Florencia. Escribió tratados teóricos sobre geometría y perspectiva. Se especula sobre un aprendizaje en Florencia, debido al profundo conocimiento de las obras del Beato Angélico, Paolo Ucello y Masaccio, a quienes debe parte de su formación. Ya en sus años juveniles muestra una profunda admiración hacia la perspectiva, la proporción, el orden y la simetría, siguiendo las teorías arquitectónicas y matemáticas de Leon Battista Alberti Consideraba la perspectiva científica como un elemento básico de la pintura y su obra alcanzó un gran rigor matemático. Con Piero se inicia una época de esplendor del arte italiano, por el uso de la perspectiva para crear espacios pictóricos, por la monumentalidad de sus figuras y la paz espiritual que desprenden. De entre sus obras destacamos El bautismo de Cristo y La flagelación de Cristo.

Cinquecento (s. XVI)

Leonardo da Vinci (1452-1519)

Leonardo da Vinci constituye el paradigma de genio polifacético que domina todos los campos del saber (a la vez anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, pintor, poeta y urbanista) usó el método científico en la observación de la naturaleza y lo plasmó en sus obras teóricas como muestra en el tratado De Pintura. Aporta la perspectiva aérea, que degrada a los objetos en tamaño y nitidez (sfumatto), en un intento por captar la “atmósfera”, además concibe la luz como una fusión del negro y del blanco (claroscuro), lo que se traduce en la pérdida de importancia del dibujo en beneficio del color. Entre sus obras destacan La Gioconda, La Virgen de las Rocas de fondos paisajísticos misteriosos y La última cena.

Miguel Ángel Buanorroti (1475-1564)

Miguel Ángel, como pintor, fue un claro predecesor de los manieristas, su obra magna es la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina donde combina su faceta de escultor, pintor y arquitecto, encuadra las escenas de Sibilas, Profetas, Ignudi (jóvenes desnudos) y el Génesis entre falsas arquitecturas. El encargo fue hecho por Julio II. Los frescos fueron terminados después de cuatro años de solitario y tenaz esfuerzo, durante los cuales, según sus cartas y poemas, se sentía dolorosamente incómodo y frustrado, aseguraba que él era un escultor y no un pintor y que desconocía la técnica del fresco.

Esta obra culmina con El Juicio Final, la cual es posterior a la Capilla Sixtina. En la franja superior se representa el mundo celeste, con Dios Juez en el centro, junto al que se sitúa la Virgen, a los lados santos, patriarcas y apóstoles. La figura de un Dios Juez, con un brazo levantado, parece impulsar el movimiento vertiginoso de todo el conjunto. En la franja inferior se representan en el lado izquierdo los salvados y en el opuesto los condenados. En la zona inferior, a la izquierda se desarrolla la resurrección de los muertos, y a la derecha el traslado de los condenados en la barca de Caronte. Las casi cuatrocientas figuras que componen este fresco aparecen desnudas en un atmósfera apocalíptica, penetrada por el sentido de dramatismo entre la vida y la muerte. Con la obra Miguel Ángel plasma el triunfo de lo humano sobre lo divino. La desnudez de sus figuras no fue del gusto de la Iglesia, el Papa Pío V en 1549 ordenó a Daniele da Volterra cubrir las desnudeces más atrevidas.

Culmen arquitectónico y pictórico del quattrocento, la capilla magna del palacio privado del pontífice en el Vaticano fue levantada por el arquitecto Giovannino de’ Dolci a petición del papa Sixto IV –quien da nombre a la estancia–. El catedrático de Historia del Arte Fernando Marías presenta un recorrido interpretativo e histórico por este “monumento plural y dinámico”, estableciendo referencias a la Antigüedad y relacionándolo con la basílica constantiniana de San Pedro del Vaticano y el resto del complejo del palacio papal. La Capilla Sixtina ofrece los frescos de pontífices y escenas del Antiguo y Nuevo Testamento realizadas por Pietro Perugino, Sandro Botticelli, Domenico Ghirlandaio y Cosimo Rosselli junto a sus talleres y colaboradores, siendo rematada en la bóveda y el testero con las escenas del Génesis y el Juicio Final pintadas por Miguel Ángel.

Rafael Sanzio (1483-1520)

Rafael Sanzio (1483-1520) fue un pintor y arquitecto italiano del Alto Renacimiento. Además de su labor pictórica, que sería admirada e imitada durante siglos, realizó importantes aportes en la arquitectura y, como inspector de antigüedades, se interesó en el estudio y conservación de los vestigios grecorromanos. Sintetizó lo mejor de los dos artistas anteriores y aportó su sello personal, su pintura es amable y colorista, en la que hace uso de composiciones geométricas bien estudiadas. Es autor de retratos de profunda psicología como en El cardenal, y de cándidas madonnas como La bella Jardinera, su obra más conocida es la decoración de las estancias vaticanas donde destaca La Escuela de Atenas.

La escuela veneciana

La escuela veneciana se caracteriza por un predominio absoluto del color sobre la línea, además por la gran importancia que adquiere el paisaje dotándolo de una racionalidad casi matemática, exalta la riqueza de la República de Venecia haciendo hueco en la pintura a sus telas, joyas y ambientes palaciegos, y proporciona más importancia al tema secundario que al principal. Entre sus pintores destacan:

Giorgione (1477-1510)

Giorgione (1477-1510), fundador de la escuela de Venecia, es conocido por la poética calidad de su trabajo y por el hecho de que se conoce con certeza la autoría de muy pocas de sus obras (aprox. 6), entre otras razones porque dejó varios cuadros inacabados, que completaron otros pintores. Esto unido a la escasez de datos biográficos e incógnita sobre el significado de su pintura, lo han convertido en uno de los pintores más misteriosos de la Historia del arte. Entre su producción destaca su Venus dormida.

Tiziano (1490-1576)

Tiziano (1490-1576), fue uno de los mayores exponentes de la Escuela veneciana. Reconocido por sus contemporáneos como “el sol entre las estrellas”, Tiziano es uno de los más versátiles pintores italianos, gran dominador del color y cultivador de todos los temas, resultan admirables el Martirio de San Lorenzo, La bacanal de los Andrios y el retrato de Carlos V en Muhlberg.

Veronés (1528-1588)

Veronés (1528-1588), fue el pintor del lujo en medio de extraordinarios fondos como es el caso de Moisés salvado de las aguas del Nilo.

Miguel Falomir, Jefe del Departamento de Pintura Italiana y Francesa (hasta 1700) del Museo Nacional del Prado, comenta la obra Moisés salvado de las aguas (hacia 1580) de Paolo Veronés. Al finalizar la década de 1570 y en los primeros años de la siguiente, Veronés realizó una serie de pinturas impregnadas de un sentimiento arcádico de la naturaleza donde el paisaje adquirió un protagonismo inexistente en su producción anterior. El hallazgo de Moisés (Éxodo 2; 5-10) se prestaba a un tratamiento pictórico acorde con estas premisas, permitiéndole desplegar su gusto por una puesta en escena fastuosa sin transgredir los límites impuestos por la reforma tridentina.

Tintoretto (1518-1594)

Tintoretto (1518-1594), cuya tensión dramática semejante a la de Miguel Ángel le sitúa en la frontera con el manierismo, destaca El Lavatorio.

El manierismo

Este estilo se enmarca en un contexto histórico de crisis mediante la Reforma protestante y el inicio de la era de violencia (Saco di Roma de 1527), lo que cuestiona el mundo ideal renacentista, esta situación introdujo novedades artísticas, la forma abandonó el equilibrio y adoptó tensión dramática a la vez que ganaba fuerza expresiva, también se abandonó el lenguaje sencillo por temas y composiciones complejas de muy difícil entendimiento, el arte manierista es un estilo intelectual y elitista. El origen de su nombre se debe a la consideración de que el artista se limita a copiar a los genios “alla maniera”, de donde se deriva su etimología, hoy está superada esta visión simplista, por el contrario valoramos la fase manierista como el fruto de la crisis del lenguaje clásico.

  • Arquitectura: Se utilizan los elementos de la arquitectura clásica pero con mayor libertad.
  • Pintura: Las figuras humanas adoptan un canon alargado y estilizado (amanerado), los cielos se vuelven tormentosos y los colores se tornan vivos, como muestra Parmigianino en la Virgen del Colo Longo.
  • Escultura: Triunfa la “forma serpentinata” como se aprecia en Perseo de Benvenuto Cellini y Mercurio de Juan de Bolonia, donde las figuras captan numerosos puntos de visión.

Renacimiento español

El periodo cultural y artístico renacentista se desarrolla en España desde finales del siglo XV hasta finales del siglo XVI. La introducción y difusión del Renacimiento italiano en España obedece a causas variadas: por una parte, los continuos contactos que se tienen con Italia desde finales del siglo XV permiten que artistas italianos viajen a España y artistas españoles viajen a Italia y, sobre todo, que italianos trabajen en España; por otra parte, el interés de la corona por desarrollar un arte oficial que la defina y que muestre su unidad y su poder, se plasmará en la formulación del arte plateresco durante el periodo de los Reyes Católicos y la afirmación de un Renacimiento clásico con Carlos V. Por último, será muy importante el papel desempeñado por una parte de la aristocracia española (sobre todo la familia Mendoza) que utilizará el denominado arte a lo romano como medio de distinguirse y afirmar su prestigio. Finalmente, la desconfianza en el modelo clásico-pagano desarrollado en Italia determina el mantenimiento de unas formas de hacer góticas sobre todo en la denominada arquitectura oficial, propiciada por los Reyes Católicos y la Iglesia, que va a convivir con las primeras formas renacentistas como estilo absolutamente novedoso y que se extiende hasta más allá de la mitad del siglo XVI, momento en que el Renacimiento se acepta plenamente y las va desplazando.

Arquitectura

En el caso de España el renacimiento se introduce en época de los Reyes Católicos, bajo el mecenazgo de los mismos reyes, la nobleza y el clero. El estilo adoptará ciertas características propias, derivadas de las peculiares circunstancias del país, que no favorecen la ruptura con lo medieval, y se adaptará a la tradición hispana, recibiendo a lo largo de un único siglo, el XVI, las influencias sucesivas, e incluso simultáneas, del Quattrocento, del clasicismo y del manierismo.

En arquitectura, hasta el 1520, la influencia renacentista se limitará a utilizar motivos decorativos nuevos en fachadas góticas. Desde el segundo cuarto del s. XVI se inicia la etapa plateresca, con persistencia de estructura góticas y aplicación de la moda italiana a una decoración menuda y abundante. Apenas asimiladas las formas quattrocentistas llegaron las influencias del clasicismo, que significan importantes cambios en la concepción del edificio y racionalización de la arquitectura, gracias al mejor conocimiento del estilo renecentista, a través de viajes a Italia y conocimiento de las obras teóricas de los principales tratadistas.

El manierismo, que aquí se traduce como arte intelectual y sobrio, que valora lo arquitectónico sobre lo decorativo, se corresponde con el arte religioso y cortesano de la época de Felipe II y está representado por el estilo herreriano, cuyo ejemplo más representativo es El Escorial.

La arquitectura española renacentista se divide en tres estilos: plateresco, el estilo purista o serliano (que en escultura y pintura suele identificarse con el denominado romanismo) y estilo herreriano o escurialense.

El plateresco

Se desarrolla en el primer tercio del siglo XVI. El término se debe a la abundante decoración de las fachadas que recuerda a la labor de los plateros. Estas son sus características: como continuador del estilo Reyes Católicos muestra un total protagonismo de las fachadas profusamente decoradas con medallones y figuras heráldicas; los elementos clásicos, como los arcos de medio punto, conviven con arcos carpaneles y conopiales representativos del gótico. Sus obras más importantes son: la fachada de la Universidad de Salamanca de autor anónimo; la Casa de las Conchas en Salamanca; el Palacio de Cogolludo en Guadalajara de Lorenzo Vázquez, introductor de las formas italianas en España; la Escalera Dorada de la catedral en Burgos de Diego de Siloé; el Hospital de la Santa Cruz obra iniciada por Enrique Egas en el estilo isabelino y continuada por Alonso de Covarrubias, constituye un modelo de hospital de amplia difusión con planta cruciforme y patios entre los brazos.

El purismo

Se desarrolla en el segundo tercio del siglo XVI. En 1526 se publica el libro de Diego de Sagredo, Medidas del Romano el primer tratado de arquitectura renacentista fuera de Italia, muy similar a la obra de Alberti De re Aedificatoria, desde entonces esta obra marca la pauta a seguir, imponiendo todos los elementos y características de la arquitectura renacentista. Entre sus obras destacan: la Catedral de Segovia de Rodrigo Gil de Hontañón; la Catedral de Jaén y la Iglesia del Salvador de Úbeda de Andrés de Vandelvira discípulo de Diego de Siloé; la Catedral de Granada de Siloé en la que utiliza un original pilar formado por columnas adosadas de proporciones clásicas; el Palacio de Carlos V de Pedro Machuca en la Alhambra de Granada, una construcción con patio circular, única en su género.

El estilo herreriano

Se desarrolla en el último tercio del siglo XVI. Tiene su origen en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial construido entre 1563-84 en conmemoración de la victoria española de San Quintín, Juan Bautista de Toledo fue su primer arquitecto, había trabajado en Italia a las órdenes de Bramante, a su muerte en 1567 continuó Juan de Herrera, creador del estilo. Fue un estilo propagandístico de los Habsburgo y de la Contrarreforma, basado en el colosalismo y la monumentalidad, un estilo sobrio que aporta el sentido estático y ordenado, de austeridad decorativa tanto externa como interna, reducida a unas pirámides coronadas por bolas. El edificio está concebido como colegio, biblioteca, panteón real, palacio y convento, es una imponente masa horizontal de la que destacan las torres angulares coronadas por tejados de pizarra de inspiración flamenca al gusto de Felipe II. La planta es de un simbolismo de difícil interpretación, en el eje central se sitúa la basílica, y a su alrededor de forma simétrica los patios, como el patio de los Evangelistas y el de los Reyes, se completa el conjunto con otros jardines y huerta.

Escultura

El primer tercio del siglo XVI está caracterizado por la presencia de artistas italianos dentro de la estética del quattrocento florentino que van desplazando la tradición gótica, es el caso de Torrigiano y Fancelli autor del sepulcro de los Reyes Católicos en Granada y de el sepulcro del Cardenal Diego Hurtado de Mendoza. Bartolomé Ordóñez muestra este gusto italiano en el sepulcro de Juana la Loca y Felipe el Hermoso en Granada.

Escultura romanista

El segundo tercio siglo del XVI desarrolla la escultura renacentista purista. Alonso de Berruguete, discípulo de Miguel Ángel, tomó de su maestro la fuerza dramática y la tensión dramática, presenta “formas serpentinatas” al igual que los manieristas, es el autor de la sillería del coro de la catedral de Toledo. Juan de Juni es de formación francesa, su obra busca la perfección, de ella destaca el entierro de Cristo destinado a la capilla funeraria de Fray Antonio de Guevara.

Renacimiento y manierismo en la escultura de los Leoni

El tercer tercio del siglo XVI desarrolla una escultura propagandística y académica cuyos mejores representantes son los milaneses León y Pompeyo Leoni. Se caracteriza por la solemnidad, serenidad, equilibrio, lujo de materiales y virtuosismo técnico. Sus obras más significativas son Carlos V dominando al furor de León Leoni que recuerda a los emperadores romanos, y los grupos sepulcrales de Carlos V y Felipe II de Pompeyo Leoni que adornan los laterales de la basílica de El Escorial.

Pintura

La pintura del primer tercio del siglo XVI intenta fusionar lo italiano con la tradición flamenca anterior, es el caso de Juan de Flandes y Pedro de Berruguete formado en la tradición hispano-flamenca y discípulo de Piero della Francesca, se caracteriza por su colorido de inspiración flamenca y la elegancia italiana. En el segundo tercio del siglo XVI la influencia italiana es mayor, sobre todo de Rafael, como muestra Juan de Juanes autor de La lapidación se San Esteban. En el último tercio del siglo XVI destacan los pintores decoradores del Escorial como Tibaldi, Zuccaro y Navarrete; y los retratistas de corte como Alfonso Sánchez Coello autor del Retrato del Príncipe Don Carlos y Juan Pantoja de la Cruz que desarrollan un retrato frío, distante, elegante, aristocrático y detallista en la línea de Tiziano.

Doménico Theotocopoulos “El Greco” (1541-1614)

Sin embargo, la figura más importante del siglo es El Greco (1541-1614), el más manierista de los pintores. Doménico Theotocopoulos nació en Candia (Creta) y se formó en la influencia bizantina, que se manifiesta en el empleo de la maniera greca y en el uso de personajes que manifiestan una belleza idealizada con un canon alargado y estilizado (amanerado). En Venecia recibió las influencias de Veronés, Tintoretto y Tiziano, del que siempre se consideró discípulo, de ellos adquiere el predominio del color y las composiciones complejas. Una breve estancia en Roma le permite conocer la obra de Miguel Ángel, del cual aprendió a tratar los desnudos. En 1580 presenta al rey El Martirio de San Mauricio y la legión tebana, que le había sido encargado para El Escorial, pero no fue del gusto de Felipe II que encarga la decoración del Monasterio a pintores de segunda fila. Entonces fija su residencia en Toledo donde dará a luz sus obras más importantes: La Trinidad, El Expolio, El Entierro del Conde de Orgaz, Vistas de Toledo, en ellos la espiritualidad alcanza su máxima culminación, los colores se hacen más fríos predominando los azules, grises y verdes.

Otros renacimientos europeos

El Renacimiento europeo no surge como resultado de una conjunción de circunstancias específicas que lo hacen posible, como había ocurrido en Italia; de hecho, la diversidad tanto política como cultural que ofrece Europa respecto a la situación italiana explica que mientras en Europa se sigue la tradición del gótico internacional (sistema de representación válido para las necesidades de su sociedad), en Italia se está codificando un nuevo lenguaje y una nueva forma de representación. En Europa, el Renacimiento se desarrolla partiendo de las experiencias italianas, aunque será elaborado en cada país de forma personal.

Desde finales del siglo XV y, sobre todo, a principios del XVI, una serie de acontecimientos políticos hacen que Italia se convierta en escenario de lucha de los nuevos estados nacionales: Francia y España. La consolidación de la hegemonía aragonesa en Nápoles y la disputa por el norte de Italia entre España y Francia, supone el contacto de estos estados con los valores humanistas italianos, el esplendor de sus cortes y el nuevo lenguaje artístico. A partir de este momento, los contactos con Italia son permanentes.

Pero en el modelo renacentista italiano difundido por Europa hay que tener en cuenta dos cuestiones: la primera es que en Italia ya se ha llegado a la codificación clasicista del Alto Renacimiento y se están empezando a dar las respuestas anticlásicas del manierismo; la segunda es que el modelo renacentista italiano nunca fue uniforme: en su seno se produjeron diferentes tendencias y alternativas que desbordaron el marco desarrollado en el modelo florentino. Por las circunstancias políticas apuntadas, los centros artísticos que tuvieron una mayor importancia en la difusión del Renacimiento en Europa fueron los del norte de Italia, sobre todo Ferrara y Padua, donde se había producido el Renacimiento menos clásico.

La propagación de las nuevas formas por Europa va a responder a las necesidades que habían surgido en las nuevas monarquías gestoras de los estados nacionales: las cortes surgidas verán en el estilo romano, según la expresión de la época, una forma de afirmarse y diferenciarse política y socialmente, tal y como se hacía en las cortes italianas que tanto habían deslumbrado a los monarcas europeos.

La difusión se realiza mediante la exportación de las formas italianas; en esta exportación tendrán un papel fundamental los grabados que divulgan las obras de los maestros italianos: la imprenta hacía posible su reproducción rápida y abundante, así como los viajes constantes de artistas europeos a Italia, para su formación, y el trabajo de artistas italianos (por lo general de segundo orden) en las cortes europeas.

La asimilación del Renacimiento en Europa choca con la tradición artística de cada lugar y la valoración de la figura del artista. Las formas italianas que se exportan a Europa presentan ya un lenguaje ecléctico que se fundirá con las tradiciones locales de cada lugar, dando resultados diferentes. Los artistas seguirán siendo considerados artesanos y carecerán del discurso teórico capaz de articular de forma coherente los presupuestos ideológicos del nuevo lenguaje, tal y como habían hecho los italianos.

El siguiente video de Fernando Díaz Villanueva con la colaboración de Alberto Garín ambos tratan de responder a las siguientes preguntas: ¿No hubo una corriente generalizada humanista más allá de Florencia y sus seguidores en Italia en el siglo XV en otras partes de Europa? ¿por qué lo mejor del renacimiento italiano estaba por llegar y se hizo en Roma? Y en tercer lugar: si el Renacimiento era un estilo que reclamaba la singularidad italiana, ¿por qué se extendió por el resto de Europa, incluyendo los países “bárbaros”?

Renacimiento en el norte de Europa, Alemania y los Países Bajos

Aunque es evidente que estuvo influido por la erudición y el saber italianos, el Renacimiento del norte de Europa encierra unas ciertas características distintivas y unos rasgos comunes a toda la región, lo que permite considerarlo en su conjunto. El movimiento cultural humanista estuvo en esta zona más preocupado por temas de religión y piedad personal de lo que lo estuvo en Italia. La educación de los jóvenes se basaba más en el examen crítico de textos religiosos que en el conocimiento de los clásicos, actividad erudita que alcanza su punto culminante con la obra de Erasmo de Rotterdam.

El humanismo erasmista tendrá una notable influencia no sólo en la Europa del norte y la política cultural humanista del emperador Maximiliano de Alemania, sino también en el resto de Europa; por ejemplo, su influencia en España es notable. A ello se une la importante polémica que surge en torno a la Reforma protestante y la división política de Flandes entre Bélgica, católica y bajo la influencia española, y Holanda, protestante e independiente.

La poderosa tradición artística que existía en los Países Bajos y en Alemania era bastante independiente del movimiento coetáneo italiano: durante el siglo XV los artistas europeos del norte habían empezado a alejarse del estilo gótico internacional de la Edad Media, codificando un nuevo tratamiento realista del espacio, una nueva técnica de pintura al óleo y el conocimiento del uso de las formas (la perspectiva, aprendida de los italianos) y el paisaje. Sin embargo, el lenguaje clásico de la antigüedad no ofrece ningún atractivo en esta zona, que no cuenta en su tradición con dicho legado; por ello, la problemática italiana en torno a la síntesis cristianismo-filosofía neoplatónica no alcanza a estos países. Es mucho más importante el movimiento de profunda transformación religiosa que se produce, contribuyendo de forma capital el humanismo de Erasmo de Rotterdam, que inicia una crítica radical a la idea de religión tradicional y rechaza ásperamente los excesos formalistas y rituales, abogando por una mayor reflexión religiosa, intimista y personal. El pensamiento erasmista en torno a la religión, la locura y el ideal del caballero cristiano influye en los círculos artísticos nórdicos y motiva muchos de los cambios producidos en los temas pictóricos.

Hacia 1500 la pintura alemana sufre una transformación que provoca la existencia, en los siguientes treinta años, de un grupo destacado de artistas: Alberto Durero, Hans Holbein el Joven, Mathias Grünewald, Lucas Cranach y Albercht Altdorfer, que son quienes principalmente desarrollan el arte del Renacimiento Alemán. Junto a ellos, los pintores Joachim Patinir, Brueghel y Antonio Moro lo harán en los Países Bajos. El hasta qué punto estos artistas estaban inspirados por las influencias italianas es un tema sujeto todavía a discusión, pero de ellos solamente Durero viajó a Italia. No obstante, los grabados italianos y los modelos de los libros estaban en circulación por Alemania y por los Países Bajos: por ejemplo, la primera obra de Altdorfer está inspirada en un grabado de Mantegna.

Alberto Durero (1471-1528)

Ejerció una decisiva influencia en los artistas del siglo XVI, tanto alemanes como de los Países Bajos, y llegó a ser admirado por maestros italianos como Rafael Sanzio. Sus grabados alcanzaron gran difusión e inspiraron a múltiples artistas posteriores, incluyendo los nazarenos del siglo XIX y los expresionistas alemanes de principios del siglo XX. Es célebre su Autorretrato conservado en el Museo del Prado y sus numerosos estampas y grabados como Melancolia I o Los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Hans Holbein el Joven (1497-1543)

Holbein alcanzó una gran fama gracias a sus retratos realistas de personas y grupos, el detallismo de la piel, el pelo, los ropajes y la ornamentación, así como el talento para representar con exactitud cada una de las diferentes texturas, que no disminuían ni iban en detrimento de las características esenciales y de dignidad de sus retratados. De entre sus obras destacamos: Retrato de Erasmo de Rotterdam, Retrato de Tomás Moro, Cristo muerto, Los embajadores o Jean de Dinteville y Georges de Selve, Retrato de Enrique VIII.

Matthias Grünewald (+1528)

Pintó principalmente obras religiosas, especialmente escenas de crucifixión sombrías y llenas de dolor. El carácter visionario de su obra, con sus expresivos color y línea, contrasta con la obra de su contemporáneo Alberto Durero. Sus pinturas son conocidas por sus formas dramáticas, colores vívidos y el tratamiento de la luz. La tabla central del retablo de Isemheim con la Crucifixión es una de sus obras más conocidas.

Albrecht Altdorfer (c. 1480 -1538)

Altdorfer fue uno de los primeros pintores europeos que situó el paisaje como tema autónomo en el centro de su trabajo. Mezclando planos, las figuras humanas y el decorado, Altdorfer da una perspectiva cósmica a sus pinturas. La batalla de Alejandro en Issos (1529) es considerada como una de sus obras maestras. El tema de la victoria de Alejandro Magno sobre Darío III sirve como excusa para ilustrar una visión del mundo radicalmente nueva.

Joachim Patinir (c. 1480-1524)

Se le considera precursor del paisajismo como género independiente. Continuador en la escuela renacentista de Amberes de Gerard David, aunque la iconografía mariana la toma de Lucas van Leyden y Weyden. La Naturaleza es su objetivo, el tema, un pretexto. Pasión por la gama de verdes y las composiciones de horizonte alto. Una de sus obras más célebres es El paso de la laguna estigia o Caronte cruzando la laguna Estigia.

Pieter Brueghel el Viejo (1526-1569)

Fundador de la dinastía de pintores Brueghel, es considerado uno de los grandes maestros del siglo XVI, y el más importante pintor holandés de ese siglo. Con Jan Van Eyck, Jerónimo Bosco y Pedro Pablo Rubens, está considerado como una de las cuatro grandes figuras de la pintura flamenca. Una de sus obras más conocidas es Los cazadores en la nieve, La boda campesina y Los proverbios flamencos.

Antonio Moro (1519-1576)

Su fundamental labor fue como retratista. Creó un tipo de retrato cortesano que tuvo gran influencia en la escuela retratista posterior española: Alonso Sánchez Coello (que fue auxiliar de Moro en España), Juan Pantoja de la Cruz, Bartolomé González e, incluso Velázquez. Entre sus retratos destacamos los dedicados a Felipe II conservado en El Escorial y el retrato de María Tudor, reina de Inglaterra, segunda mujer de Felipe II.

Los temas de los artistas alemanes y su forma de representación están bastante alejados de los convencionalismos de la pintura renacentista italiana. El dinamismo, la expresión, la emoción y las cualidades naturalistas del arte nórdico están en un abierto contraste con el idealismo, el equilibrio y la armonía de los italianos. Además, existe una poderosa y distorsionadora corriente religiosa en el arte del norte, una premonición de la Reforma y una aguda expresión de la angustia que invadía la religiosidad, tanto en Alemania como en los Países Bajos.

La emoción religiosa y la atención por los detalles fueron los sellos del arte del Renacimiento nórdico, basado en una concepción del hombre como una parte trivial del universo de Dios y empequeñecido además por la majestad del mundo natural. Se desarrolla el gusto por la representación de lo monstruoso aunque ya no tiene el significado gótico, sino que se convierte en una viva representación de la naturaleza oculta del hombre.

Frente a la visión científica de la naturaleza que ofrece la cultura italiana, en el Norte se le contrapone una visión irracional. La Naturaleza se convierte en una amalgama de cosas y fenómenos complejamente relacionados todos con todos: para descubrir dichas relaciones es preciso recurrir al ocultismo, la alquimia y la astrología, todo impregnado de un profundo sentimiento místico. Las obras encargadas a estos artistas serán, básicamente, pinturas religiosas o estarán dirigidas a la corte humanista de Maximiliano.

Hacia 1530 el arte alemán entra en un periodo de declive: habían muerto los principales artista y la corte de Maximiliano fue sustituida por la de Carlos V. La Reforma y los conflictos religiosos que le sucedieron también influyeron en este declive. En los Países Bajos, pese a verse influidos también por los problemas de la Reforma, tuvieron un desarrollo distinto. Los holandeses, guiados por el príncipe protestante Guillermo de Orange, se rebelaron contra la católica corona española, convirtiéndose en un estado independiente, mientras que Bélgica se mantiene bajo la dinastía de los Habsburgo y dentro de la iglesia católica.

Tras la Reforma, el mecenazgo principesco alemán se centrará en primer lugar en la arquitectura, arte capaz de mostrar el poder y prestigio de los gobernantes. Así, a mediados del siglo XVI, Otto Heidrich del Palatinado amplia el castillo de Heidelberg siguiendo las directrices clásicas e incorporando arquitectos italianos a sus obras en Landshut. Sin embargo, en su mayor parte los príncipes alemanes prefirieron conservar las obras góticas y simplemente decorarlas con ornamentación renacentista.

Los emperadores Habsburgo fueron los más importantes mecenas, siendo sus cortes centro de tutela para humanistas alemanes y artistas, destacándose la protección de Maximiliano II a Giuseppe Archimboldo. Asimismo, también hay que destacar la protección que la corte de Rodolfo II en Praga supuso para muchos eruditos y científicos que en otros lugares hubieran sido perseguidos por las autoridades eclesiásticas, debido a su dedicación a la alquimia y a la nigromancia. El estudio de lo oculto fue abandonado por los sucesores de Rodolfo: los emperadores Habsburgo del siglo XVII restauran la fe católica, dándole un lugar preferente en la política y la cultura europea y marcando el punto de inflexión entre el Renacimiento y el Barroco.

Giuseppe Arcimboldo (1527-1593)

Conocido sobre todo por sus representaciones manieristas del rostro humano a partir de flores, frutas, plantas, animales u objetos; esto es, pintaba representaciones de estos objetos en el lienzo, colocados de tal manera que todo el conjunto tenía una semejanza reconocible con el sujeto retratado. Es famosa su serie sobre Las estaciones.

Renacimiento en Francia

Durante la Edad Moderna, Francia se extendió rápidamente por provincias distantes, como Bretaña, Picardía o Provenza, que se incluyeron por primera vez dentro de la órbita de la corona francesa. En torno a 1559 era un tercio más grande que cien años antes, al terminar la guerra de los Cien Años. Su interés por expansionarse se fijaba ahora en el norte de Italia, pero su política provocó rivalidad con las pretensiones españolas, dando lugar a numerosas guerras en esta zona. Al tiempo que se expandía territorialmente, se desarrollaba una labor interna de afianzamiento del poder de la corona, en un intento de formar un estado nacional y absoluto mediante instrumentos legales, financieros y, sobre todo, administrativos, que asegurasen el poder a la soberanía real sobre las distintas asambleas locales y minimizando las enérgicas libertades locales. La monarquía francesa vio en el arte la posibilidad de afianzar su prestigio y su influencia cultura. Así, el Renacimiento francés estuvo ligado principalmente, aunque no de forma exclusiva, a la acción de la monarquía: los reyes de la casa Valois establecieron una refinada corte que jugó un papel fundamental en los cambios artísticos, uniendo los valores culturales de su aristocracia con el gobierno del reino y las campañas militares.

Durante el reinado de Francisco I (1494-1547), la corte del Renacimiento estaba en el punto culminante de su efectividad. Los progresos del afianzamiento de la soberanía real estaban dictados por consideraciones estratégicas y políticas, por lo que sus efectos culturales serán inmensos.

En arquitectura, con la publicación del influyente libro de Jacques Androuet du Cerceau (1510-1584) Los edificios más excelentes de Francia, el arte del Renacimiento queda afianzado como el arte de la corte. En 1519 Francisco I manda construir el castillo de Chambord con un planteamiento enteramente al gusto del Renacimiento. Con él se inicia la renovación arquitectónica renacentista, que se va a centrar preferentemente en las medievales fortificaciones del Loira, donde se manifiesta el gusto por el clasicismo del siglo XVI. Las viejas fortificaciones fueron sustituidas por palacios de recreo de los monarcas Valois y sus cortes, donde se competía por ambiciones políticas y arquitectónicas.

Sin embargo, la mejor manifestación del vigor artístico francés del momento es la denominada escuela de Fontainebleau, formada por aquellos artistas ligados a la corte y que desarrollan un estilo fluido, sensual y ornamentado, de gusto manierista. Fue producto del experimento cultural realizado por el rey Francisco I, empeñado en la trasformación del arte y la cultura francesa, que convierte su castillo de Fontainebleau en centro de su importante colección artística y lugar de protección de artistas. A la escuela de Fontainebleau pertenecen figuras como François Clouet, Jean Clouet, Jean Cousin y Primaticcio.

Renacimiento en Inglaterra

Tanto en Inglaterra como en Escocia, el arte del Renacimiento estará unido a la actuación de la corona. Desde las primeras décadas del siglo XV hubo signos de cambio en ambas cortes pero no alcanzan la formación de una verdadera corte del Renacimiento hasta el reinado de Enrique VIII, momento de mayor esplendor del arte inglés de este periodo. Frente a ellos, el Renacimiento escocés (que prometía ser esplendoroso) quedó seriamente dañado con la derrota de Jacobo IV y la nobleza escocesa en la batalla de Campo Inundado (1513), seguido por la desintegración social y la muerte de Jacobo V (1542). Al tiempo, en Inglaterra, el ímpetu de Enrique VIII se pone a prueba con las divisiones religiosas.

El tema que domina la cultura del Renacimiento en Inglaterra y Escocia es la estrecha relación entre política y cultura: Enrique VIII quería una propaganda cultural que proclamara su esplendor y rigurosidad, tanto en edificios, libros o música. La cultura bélica del régimen de Isabel I precisó de miniaturista y poetas para exaltar sus virtudes mediante alegorías, extraídas tanto de la literatura pagana como de la sagrada. Esta relación política-cultura se desarrolló incluso más allá del Renacimiento.

El reinado de Enrique VII crea las condiciones necesarias para el desarrollo del arte del Renacimiento, ya que durante él los eruditos ingleses entran en contacto con el humanismo y hacen su aportación: en 1498 Erasmo visitó Oxford y en 1511 fue designado para una cátedra de griego en Cambridge.

Enrique VIII, empeñado en tener una imagen imperial que le permitiera reclamar y perseguir la igualdad con Carlos V y Francisco I, llevó a cabo un programa real de construcciones cuyo edifico más emblemático es el palacio de Hampton Court, realizado bajo los postulados del Renacimiento. Construyó, igualmente, la Whitehall, rompiendo con la tradición secular de los monarcas de residir en el Palacio de Westminster. Todas las residencias reales recibieron un programa de embellecimiento y de glorificación real. Como mecenas, Enrique VIII emuló a los príncipes del Renacimiento interesándose por la astronomía, la literatura y la música que el mismo escribía. Atrajo a su corte a pintores, como Hans Holbein, que realizaron importantes retratos.

Su divorcio con Catalina de Aragón supone la ruptura con Roma: este hecho provoca la disolución de los monasterios y el abandono de los grandes edificios monásticos, que fueron vendidos o donados por la monarquía. También fueron destinados a nuevos usos: los de Londres que se destinaron a mercados, mientras que los que se encontraban en el campo fueron adquiridos por la nobleza y remodelados para viviendas. Esta arquitectura se caracteriza más por su ingeniosa adaptación a las nuevas necesidades que por cultivar o formar un nuevo estilo.

El reinado de Isabel I se caracteriza por la imposición de una cultura bélica, centrada en expresar en términos de virtud lo que era vulnerabilidad real. Isabel no estará interesada en las artes, ya que sólo compró retratos oficiales y sin ningún entusiasmo. Sin embargo, en un círculo cortesano más amplio, la pintura desarrollo un refinamiento extremo y un interés por la heráldica que la hicieron bastante peculiar en la Europa del siglo XVI. Ésta alcanza su expresión más completa en la miniatura, cuyo mejor exponente fue Nicolás Hilliard. La miniatura isabelina tiende a ser un retrato limitado a la cabeza y los hombros, que destaca las golillas y las joyas, además de las ropas de colores brillantes; concebido casi siempre como un ornamento, requiere la colaboración del miniaturista y del orfebre. Isabel volvió la espalda al programa de edificaciones ideado por su padre pero desarrollo en gran medida todo lo referente al prestigio real mediante torneos y diversiones que nutrían su propia imagen y distraían a su corte de los problemas que amenazaban el reinado. La imagen se hizo cada vez más importante. Como consecuencia de ello, los cortesanos tendrán un interés más activo que la reina hacía la pintura, entre los que tuvo un gran éxito el italiano Federico Zuccari.

El Renacimiento escocés se inicia con Jacobo IV, que pone las bases para el desarrollo de la cultura humanista y para el inicio de un primer arte renacentista. Sin embargo, esto no tuvo un desarrollo posterior: el país se vio gobernado por regentes debido a la minoría de edad de sus soberanos y, además, sufrió periódicas invasiones inglesas.

En 1603 los Estuardo llegan al trono inglés: Jacobo I sucede a Isabel I. El cambio a la dinastía escocesa propicia un mayor contacto con la cultura europea y, en consecuencia, un auge de las artes. Iñigo Jones, el primer gran arquitecto inglés del Renacimiento, se convierte en arquitecto real, realizando importantes construcciones. Esta tendencia se acentúa con Carlos I, amante de las artes y que se convirtió en mecenas de numerosos artistas, retomando la tradición de Enrique VIII.