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Ciencias Sociales

Tema 06. Espacio rural, actividades agropecuarias y pesqueras

El título completo de este tema es el siguiente: El espacio rural y las actividades agropecuarias y pesqueras. Transformaciones y nuevos usos. Su estudio lo abordaremos en las siguientes partes:

  • En la primera haremos una caracterización del espacio rural y del espacio marino intentando describir la base física sobre la que se desarrollan las actividades que después vamos a tratar.
  • Luego pasaremos a hablar de esas actividades comenzando por la agricultura y la ganadería, de las que haremos una tipología basada en la intensidad de su práctica. Dedicaremos también un apartado a las actividades forestales, ya que también han constituido tradicionalmente un uso central y complementario de las anteriores, en los espacios rurales.
  • Posteriormente, dedicaremos un apartado específico a la actividad pesquera (principales caladeros del mundo, principales potencias y diferentes tipos de pesca).
  • Cerraremos el tema explicando las transformaciones y la diversificación de actividades tanto en el medio rural como en el medio marino. Para el medio rural hablaremos de la pérdida de peso de las actividades agropecuarias y del auge de nuevos usos asociados a los valores ambientales. Para el medio marino nos referiremos a la práctica de la acuicultura y a las nuevas fuentes de energía renovables que tienen su base en el mar.

Este tema puede ser estudiado en paralelo con el 2, 3 y 18.

El espacio rural y las actividades agropecuarias y pesqueras

El espacio rural y marino : definición y conceptos básicos

Ambos espacios son pilares básicos para el mantenimiento de la vida en el planeta. En el caso de los espacios rurales se ha destacado la importancia de los bosques como grandes reservas de carbono, generadores de oxígeno y base de la biodiversidad terrestre. En el caso del espacio marino, hemos señalado la función de regulador térmico planetario que desempeña la circulación oceánica.

El espacio rural

Definimos el espacio rural como una combinación de características económicas y sociodemográficas: alto peso de las actividades agropecuarias, baja densidad poblacional y uso extensivo del espacio. Además, como consecuencia de su limitada capacidad de atracción y el sentido histórico de los flujos migratorios, la estructura de la población rural es más envejecida que la de las ciudades.

Rural es una categoría espacial y geográfica que no puede adscribirse exclusivamente a un grupo concreto de actividades económicas aunque exista propensión a asimilar lo «rural» a lo «agrícola» y «pecuario» (ganadero). Esa relación, antaño muy estrecha, ha cambiado, ya que en el medio rural se ha producido una reducción notable del peso de dichas actividades tanto desde el punto de vista del número de personas involucradas como de los ingresos generados por las mismas. Por tanto, definiremos el espacio rural por una combinación de todas o algunas de las siguientes características:

  • Mantenimiento de un peso económico, socioprofesional y/o territorial alto de actividades agrarias
    o pesqueras (agricultura, ganadería, explotación forestal o pesca).
  • Densidad poblacional baja y/o hábitat disperso. Este último puede presentar formas diversas,
    como casas de labor (cortijos, masías, granjas, caseríos, etc.), pequeñas aldeas diseminadas, etc.
  • Uso del suelo extensivo, tanto en espacios residenciales como en espacios productivos. Por ejemplo, no es habitual la presencia en el medio rural de grandes bloques de viviendas.

La densidad poblacional o demográfica se refiere a la concentración de personas en un determinado espacio. Se suele medir en habitantes por kilómetro cuadrado. El hábitat se refiere al modo de poblamiento o modo en que la población se dispone en el espacio (de forma más o menos dispersa).

Asociado a este conjunto de características hay otros elementos que se pueden citar como definitorios de los espacios rurales. En primer lugar, la identificación entre el lugar de trabajo y el lugar de residencia (en contraposición a la alta movilidad de los espacios urbanos). El ejemplo más acabado de esto lo encontramos en el poblamiento rural disperso, donde la vivienda forma parte de la explotación agraria que constituye el sustento económico de un determinado hogar. En segundo lugar, el radio limitado de influencia de las actividades económicas (los espacios rurales no son polos de atracción tan potentes como las ciudades). Es más, los espacios rurales han sido hasta hace poco tiempo espacios de emigración que como consecuencia presentan una población más envejecida que la de la media del territorio y desde luego más envejecida que la de los espacios urbanos.

Estos criterios no están siempre asociados al volumen total de población (el número absoluto de habitantes de un territorio). En España el espacio rural ha sido tradicionalmente identificado con entidades municipales de menos de diez mil habitantes. Digamos, no obstante, que en esas realidades podemos encontrar a veces municipios asociados a espacios urbanos que forman parte de las áreas metropolitanas, así como municipios mayores de diez mil habitantes cuya realidad tampoco es estrictamente urbana (bien porque esa población se encuentre en un poblamiento disperso como en el caso de muchos municipios del norte de España (parte de Castilla y León, Galicia, Asturias, Cantabria y Euskadi) o bien porque esa concentración de habitantes, a veces incluso de varias decenas de miles, siga teniendo su actividad económica principal en las actividades agrarias como es el caso de muchas «ciudades medias» o «agrociudades» del sur de España.

El valle del río Guadalquivir es un buen ejemplo de esto. Aquí encontramos numerosos municipios de entre 10.000 y 30.000 habitantes cuya base económica se sustenta directa o indirectamente en actividades agrarias. Véase en contraste la definición socioeconómica de los espacios urbanos.

¿Por qué no puede definirse a priori como rural un núcleo de población de 4.000 habitantes?

El espacio marino

Este espacio lo delimitamos por criterios geográficos: abarca los fondos oceánicos (plataforma continental, talud continental, llanura abisal y zona infraabisal o hadal), las masas de agua que los cubren (región nerítica y región oceánica) y determinados espacios de aguas lacustres saladas. Las actividades productivas (tanto las tradicionales como las nuevas) las encontraremos localizadas en la región nerítica.

Casi tres cuartas partes del planeta están cubiertas por las aguas marinas. Ese espacio constituye uno de los pilares fundamentales de la vida en la Tierra, ya que parte del calor del sol permanece en la superficie de los océanos y a través de la circulación oceánica se distribuye por todo el planeta. Además de esas aguas oceánicas, forma parte del espacio marino el propio lecho oceánico y también pueden incluirse algunos ecosistemas localizados en deltas, albuferas y espacios lacustres (aguas estancadas) salados. Nos centraremos en la caracterización básica de los fondos y aguas oceánicos ya que después hablaremos de actividades que se desarrollan fundamentalmente en esos ámbitos.

Atendiendo a la profundidad a la que se encuentra, el lecho marino recibe distintos nombres:

  • La plataforma continental (entre 0 y 200 m de profundidad).
  • El talud continental (de 200 a 2.000 m de profundidad).
  • La llanura abisal (de 2.000 a 6.000 m de profundidad).
  • La zona infraabisal o hadal (a partir de 6.000 m de profundidad).

A la masa de agua situada sobre la plataforma y el talud continental se la denomina región o zona nerítica, y a la que cubre el resto de fondos, región oceánica.

Es la región nerítica la que concentra el grueso de actividades del espacio marino ya que está afectada por fuertes mareas y oleaje (que la hacen propicia para el aprovechamiento energético) y además está en contacto con la tierra (lo que aumenta la riqueza de nutrientes que atrae a la fauna marina y a la actividad pesquera). En esta región nerítica proliferan el zooplancton, el fitoplancton y las algas que constituyen la base alimenticia de la fauna marina, pero es en una estrecha franja de la misma, denominada nivel epipelágico donde las plantas marinas pueden llevar a cabo la fotosíntesis gracias a la luz del sol. En ese nivel vive la gran mayoría de los animales marinos (estamos hablando de apenas unos centenares de metros de profundidad, ya que a los 1.000 metros, en el llamado nivel mesopelágico, la penumbra es prácticamente absoluta). Por tanto, en los niveles más superficiales de la zona nerítica es donde se localizan los recursos pesqueros. En contraste, la región oceánica, más profunda, contiene menos nutrientes, menos luz y por tanto alberga menos especies. Existe en ella gran profusión de vida, incluso a profundidades superiores a los 10.000 metros, pero por lo general fuera del alcance de la intervención antrópica.

¿Qué factores físicos que definen el medio marino van a condicionar la actividad pesquera en su localización?

Las actividades agropecuarias

Estas actividades engloban la agricultura, la ganadería y la silvicultura, y se ha desarrollado el apartado con un hilo conductor principal: la intensidad con la que se practican en el mundo actual.

En un contexto de globalización como el actual, la rentabilidad de las actividades agropecuarias depende de su competitividad, basada en la alta especialización y la aplicación de tecnología. Por este motivo las modalidades extensivas están en retroceso.

Entendemos por actividades agropecuarias los usos productivos relacionados con la agricultura (cultivo de plantas) y la ganadería (cría de ganado). Se suele incluir en la categoría de agropecuarias las actividades silvícolas (gestión y explotación de los bosques). Este tipo de actividades se desarrollan sobre escenarios físicos diversos, con un grado de tecnología diverso y cambiante y sobre unas estructuras jurídicas (sistemas de tenencia y regímenes de propiedad) también diversos. Estos factores (que agruparemos en físicos y humanos) condicionan la variedad e intensidad de actividades agropecuarias en un determinado espacio.

Factores condicionantes de las actividades agropecuarias

Existen condicionantes tanto físicos (clima, relieve, composición de los suelos), como humanos (sistemas de propiedad y tenencia de la tierra y nivel de desarrollo tecnológico, fundamentalmente). Como ejemplo de aplicaciones tecnológicas se han desarrollado tres aplicadas a la agricultura: la irrigación, la fertilización y la manipulación genética.

Entre los físicos, el clima es fundamental porque condiciona la viabilidad de cualquier cultivo, así como el ciclo de crecimiento de animales y plantas. Por eso existen variedades de cultivos, ganado y especies forestales más o menos aptas para una determinada zona. En general, los climas templados y las zonas con alta insolación (horas de sol anuales) y un volumen suficiente de precipitaciones regulares (entre 900 y 1.200 mm anuales se considera óptimo) son los más propicios para el desarrollo de las actividades agropecuarias.

Por su parte, el relieve condiciona la localización y morfología (forma) de las explotaciones agropecuarias.

Por último, entre los factores físicos, las características del suelo (características edafológicas) son también un condicionante que hay que tener en cuenta. Tanto el espesor del suelo como su textura (suelos arenosos, arcillosos, etc.), su porosidad, su acidez y su composición química (presencia de nutrientes como el nitrógeno, el potasio, el fósforo, etc.) determinan el tipo de aprovechamiento y los rendimientos que pueden obtenerse a priori (sin la aplicación de fertilización artificial).

Ahora pasamos a los factores humanos y comenzaremos por la tecnología disponible. Hablamos aquí de una serie instrumentos y técnicas transferidos desde el sector artesanal o industrial que han condicionado los niveles de productividad y el avance de la superficie agraria útil a lo largo de la historia. La irrigación, la fertilización y la manipulación genética de las especies vegetales son tres ejemplos de aplicaciones tecnológicas.

La irrigación (el riego de una determinada superficie de cultivo) se ha practicado desde tiempos muy antiguos basada en el aprovechamiento de la gravedad y mediante sistemas de presas y canales más o menos complejos. No obstante, la superficie irrigable mediante estos métodos era reducida si se compara con la superficie irrigada alcanzada a partir de la aplicación de tecnología industrial (por ejemplo, aplicación de energía eléctrica para el bombeo de agua a cotas superiores a los cauces de los ríos o la propia construcción de grandes presas que a su vez requiere maquinaria pesada e ingeniería avanzada). Asimismo, los sistemas de irrigación que comenzaron basándose en la inundación total o parcial de un determinado terreno han evolucionado hacia sistemas ahorradores de agua como el riego por aspersión o el riego por goteo. Los sistemas de irrigación más modernos no solo son ahorradores de agua, sino incluso de suelo.

La fertilización (aplicación de sustancias o productos para el mantenimiento de la fertilidad de la tierra o la mejora de su productividad) comenzó siendo orgánica, es decir, basada en los propios residuos animales y vegetales generados por el proceso de producción de los sistemas agrarios. Desde el siglo XIX, la aplicación de fertilizantes o abonos de origen mineral (como los nitratos y los fosfatos) supusieron una auténtica revolución para la agricultura y la ganadería, puesto que pudieron superarse algunas de las barreras productivas impuestas por los condicionantes físicos que hemos mencionado anteriormente.

La manipulación genético-química comenzó a difundirse desde mediados del siglo XX y en esencia trata de crear variedades de semillas de alto rendimiento o variedades de especies resistentes a plagas o adecuadas para la aplicación de tecnología mecanizada durante el proceso de recolección.

¿Por qué crees que la agricultura actual depende del sector industrial?

Las actividades agrícolas en el mundo actual

La práctica intensiva de estas actividades implica alta especialización en cultivos, alta aplicación de insumos procedentes del sector industrial y maximización de una producción que está orientada a la comercialización. Hemos puesto como ejemplos el cultivo de invernaderos, los cultivos hidropónicos y la agricultura transgénica.

La agricultura extensiva supone una baja especialización (o diversificación de cultivos), aplicación de insumos procedentes del propio sistema agrario (tierra, ganado y bosque) y una orientación productiva de autoconsumo o subsistencia. Como ejemplos, la agricultura itinerante y las rotaciones agrícolas tradicionales.

La práctica intensiva de la agricultura se ha demostrado insostenible y por este motivo hay una tendencia a la recuperación de formas tradicionales de agriculturas que buscan la maximización de la calidad (agricultura ecológica) o garantizar la continuidad de la actividad mediante la conservación de los suelos (agricultura de conservación).

El que una mínima parte de la cubierta terrestre (en torno al ocho por ciento) cubra las necesidades alimentarias de una población de 6.900 millones de personas (Population Census Bureau, 2010) da una idea de la intensidad alcanzada por los sistemas de cultivo. No obstante, definiremos tanto agriculturas de tipo extensivo como agriculturas intensivas.

Una agricultura extensiva se caracteriza por una baja aplicación de insumos que en su mayoría o en su totalidad proceden del propio sistema agrario. Normalmente se desarrolla sobre amplias extensiones de terreno e integra el uso agrícola de la tierra con el uso ganadero y el uso forestal. Por este motivo es frecuente que este tipo de agricultura esté representado por explotaciones mixtas o «agrosilvopastoriles». Consecuentemente es un tipo de agricultura poco especializado y orientado fundamentalmente a la subsistencia (es decir, la producción se «autoconsume» por parte de la unidad familiar gestora y dependiente de la explotación agrícola). Las modalidades de la agricultura extensiva son aún muchas en el mundo. La agricultura itinerante es un ejemplo. Se practica sobre terrenos forestales que se roturan previa tala o quema. El ciclo de cultivos se mantiene hasta que dura la fertilidad del suelo. Cuando este se agota, el terreno queda abandonado hasta reforestarse naturalmente mientras que se pasa a ocupar otra parcela de cultivo preparada de la misma manera.

También el sistema de cultivo al tercio, muy típico de los sistemas agrarios mediterráneos, pertenece a la categoría de agricultura extensiva. En este sistema, la parcela de cultivos se divide en tres hojas. Dos de ellas se cultivan mientras que otra se deja en descanso (barbecho). El barbecho también puede consistir en la plantación de determinadas especies que contribuyen a regenerar los nutrientes de la tierra como en el caso de las leguminosas, por su capacidad de fijar el nitrógeno de la atmósfera en la tierra. Esa hoja de barbecho va rotando anualmente entre las tres hojas de cultivo, y, de este modo, contando además con aportes de abono orgánico procedente del ganado se logra mantener la productividad de la tierra en unos niveles relativamente estables.

Las diferencias de estos sistemas de cultivo con los de una agricultura practicada intensivamente son claras. La agricultura intensiva se caracteriza por una alta aplicación de insumos (tecnología, fertilizantes, etc.) a la explotación. Es además una agricultura que maximiza los rendimientos a través de la especialización y, por tanto, con una vocación eminentemente comercial. Presenta por tanto una alta integración, y dependencia, del sector industrial y del sector servicios. Tenemos bastantes ejemplos de este tipo de agricultura que ha acabado imponiéndose en todo el mundo.

En los países en vías de desarrollo, las grandes plantaciones especializadas en cultivos como el café, el té, la caña de azúcar o el tabaco son desarrolladas bajo criterios intensivos y de comercialización.

En países desarrollados como España, encontramos otras modalidades de agricultura intensiva que aplican las tecnologías más avanzadas en ahorro de agua y suelo. Son agriculturas que crean las condiciones más idóneas para la maximización de la producción de una manera artificial. De este modo se ha llegado a superar la estacionalidad de determinados cultivos y la dependencia que existía con respecto a las características de los suelos.

Los cultivos de invernadero son un ejemplo de lo dicho. Son cultivos desarrollados bajo plásticos, que recurren a la selección de especies adaptadas a esas condiciones y que a menudo poseen unos sistemas de riego que además incorporan dosis controladas de fertilizantes.

Cultivos hidropónicos: tomates

El cultivo hidropónico es otra modalidad avanzada de agricultura intensiva. En este caso el sustrato de los cultivos (principalmente hortalizas) es el agua que, con la incorporación de determinados nutrientes, consigue reproducir las propiedades físicas del suelo. Es decir, el suelo es reemplazado por bases de agua que abren la posibilidad de cultivar en espacios donde los suelos no reúnen las condiciones adecuadas o han llegado a niveles de degradación que impiden la actividad agrícola.

Cultivos hidropónicos: arroz

El último ejemplo de agricultura intensiva que citaremos son los cultivos transgénicos. Sin entrar en valoraciones éticas o sanitarias (campos en los que existe un complejo debate), esta agricultura consiste en la aplicación de la tecnología genética de manipulación del ADN al campo vegetal. Básicamente se crean nuevas especies de plantas
a partir de la modificación o combinación de genes de diferentes especies.

Se busca que la nueva especie tenga alguna característica concreta que la haga fácil de recolectar, que el fruto sea de un tamaño determinado, que satisfaga determinadas preferencias del consumidor, etc. El resultado, un alimento transgénico. Por el momento los cereales y la soja han sido los cultivos de aplicación preferente de esta tecnología.

Es comprensible que en un contexto de globalización como el actual, la rentabilidad de la actividad agrícola dependa de su capacidad de competir en los mercados internacionales mediante una alta productividad y unos precios atractivos. Por eso es tan importante la especialización y la aplicación de tecnología en las explotaciones y de ahí el retroceso de las modalidades extensivas de agricultura en favor de las intensivas. Sin embargo, el grado de intensificación ha superado en muchos casos el límite de la sostenibilidad provocando la sobreexplotación, contaminación y degradación de los suelos. Por este motivo hay una tendencia al regreso a formas más extensivas de producción bajo denominaciones como agricultura orgánica o ecológica y agricultura de conservación.

El fundamento de la agricultura orgánica o ecológica es su práctica sin adición de productos externos al propio sistema agrario. La diferencia con la agricultura tradicional extensiva no es otra que su vocación generalmente comercial y no de subsistencia. Sin embargo, esta vez la vocación comercial es precedida por criterios productivos de maximización de la calidad (no de maximización de la producción).

En la agricultura de conservación el principio clave es el mantenimiento de la cubierta orgánica que protege el suelo (se trata de «conservar» o proteger el suelo frente a los agentes atmosféricos y enriquecerlo de una manera natural haciendo que proliferen los nutrientes y los microorganismos). Para lograrlo se reduce al mínimo o se evita el laboreo mecánico. También se practica una rotación variada de cultivos que contribuye a prevenir enfermedades y plagas, y todos los residuos de la producción agrícola se mantienen como base de la capa de biomasa que protege el suelo, así como para alimento del ganado que a la vez contribuye a abonar ese sustrato. A diferencia de la agricultura ecológica, el cultivo con bajo laboreo puede recurrir al uso de productos químicos para controlar las malas hierbas.

La actividad ganadera

Los tipos fundamentales (intensiva y extensiva) siguen la misma caracterización explicada para la agricultura. Como ejemplo de ganadería extensiva se puede citar la trashumancia o las explotaciones ganaderas tradicionales que aprovechan campos abiertos o terrenos públicos para pastar. Por su parte, la ganadería intensiva más representativa es la desarrollada en grandes granjas donde se crean artificialmente las condiciones para maximizar la producción (por ejemplo, las granjas avícolas).

Si antes hablábamos de que solo el 8% de la cubierta terrestre son tierras de cultivo, ese porcentaje asciende al 40% si añadimos las superficies destinadas a alimentar al ganado (bien sean pastos naturales o bien tierras de cultivos forrajeros) (National Geographic, 2010). La actividad pecuaria se ha incrementado notablemente durante las últimas décadas en todo el mundo por la demanda creciente de productos ganaderos de una población en aumento y cuya dieta adopta progresivamente patrones donde la carne ocupa un lugar central. Algunas cifras ilustrativas al respecto: mientras que el consumo per cápita de cereales, raíces y tubérculos se ha mantenido constante desde la década de 1960, el de leche se ha duplicado, el de carne se ha triplicado y el de huevos se ha quintuplicado. Ese aumento se ha concentrado en los últimos treinta años, desde la década de 1980 (FAO, 2009b).

Actividad ganadera

Como en el caso de la agricultura, la actividad pecuaria es practicada hoy en día bajo dos modalidades: una ganadería tradicional o de subsistencia (generalmente extensiva) y una ganadería de comercialización (generalmente intensiva e inserta en la estructura de un gran complejo agroindustrial internacional). Y, como ocurría en el caso de la agricultura, los pequeños ganaderos de subsistencia están en franco retroceso con respecto al segundo tipo de ganadería.

La actividad ganadera tradicional se practica bajo parámetros de autoprovisión, tanto de productos alimentarios como de insumos para la explotación. El primer aspecto implica que por lo general no sea una ganadería especializada en un único tipo de ganado. El segundo aspecto implica que se practique como un uso integrado de recursos del entorno y que sea un componente fundamental de la explotación agrícola. El ganado pasta normalmente en determinadas parcelas de la propia explotación agrícola o en terrenos de monte público o espacios privados abiertos. Estos espacios se benefician del pasturado del ganado. Cuando el ganado pasta en la propia parcela agrícola o en un establo o corral, el estiércol acumulado constituye un valioso insumo en otras actividades productivas (por ejemplo, el cultivo del huerto doméstico). Cuando el ganado pasta en espacios abiertos, el beneficio consiste en la limpieza de malas hierbas y rastrojos y en los aportes de abono orgánico en esos terrenos. El bosque, particularmente, encuentra en este tipo de ganadería una fórmula eficaz de eliminación de residuos y exceso de biomasa que aumentan el peligro de incendio.

El pastoreo nómada o la ganadería trashumante son dos tipos específicos de ganadería extensiva en la que los rebaños recorren a veces largas distancias en busca de pastos estacionales en distintos territorios.

Los contrastes con una ganadería intensiva o industrial son fácilmente visibles. La ganadería industrial se practica de una forma mucho más especializada (generalmente sobre un único tipo de ganado). Por lo general, el ganado se encuentra estabulado en espacios creados artificialmente donde se lleva a cabo casi la totalidad del proceso de cría y engorde. Los insumos para la alimentación animal proceden de fuera de la explotación y a veces son importados de territorios muy lejanos. Por esta razón a veces se habla de ganadería sin tierra. En estos espacios, comúnmente ubicados a poca distancia de grandes centros urbanos de consumo, se reproducen las condiciones ambientales que favorezcan la máxima productividad de los animales, incluyendo alimentos previamente diseñados para acelerar el crecimiento y el engorde (piensos).

Nótese, no obstante, que en torno a un tercio de las tierras de cultivo del mundo están orientadas a la producción de forrajes para la alimentación animal. En 2005 y según la FAO, se empleó como alimento destinado a los animales aproximadamente un tercio de las cosechas de cereales del mundo.

Pensemos que los productos pecuarios son alimentos muy perecederos (leche, huevos, carne) y su conservación sin refrigeración, proceso físico o adición de conservantes generaría graves riesgos para la salud. Por ello, el ganado debe mantenerse preferentemente cerca del lugar de la demanda, aunque el desarrollo de las infraestructuras y la tecnología para transportar los insumos y los productos finales, así como leyes ambientales más permisivas en países menos desarrollados, esté rompiendo progresivamente también esta barrera. Por tanto, la tendencia es a concentrar las explotaciones ganaderas en las zonas que aprovisionan de insumos y que disponen de la tierra para producir los mismos.

La aplicación tecnológica procedente del sector industrial está presente en casi todas las fases de la producción y de igual manera las preferencias de la demanda potencial de consumidores son tenidas en cuenta en ese proceso (conseguir leche, huevos o carne bien adaptados a las preferencias de las grandes cadenas de distribución y de los millones de potenciales consumidores). En términos de productividad, este tipo de ganadería es muy ventajoso con respecto a la ganadería tradicional de subsistencia. En términos ambientales, hay algunos inconvenientes a los que nos referiremos a continuación.

Las externalidades ambientales de la ganadería extensiva tradicional son importantes en algunos países en vías de desarrollo donde el pastoreo excesivo ha provocado la degradación, erosión y pérdida de fertilidad de muchas tierras previamente deforestadas. En países ricos y sobre todo en regiones densamente pobladas como buena parte de Europa, Norteamérica o el este asiático, el problema principal es que la generación de residuos animales es a menudo superior a la capacidad de absorción de la tierra y el agua. En España, el ejemplo más claro es la generación y vertido de purines derivados de la actividad ganadera porcina. Además, las grandes concentraciones de animales en granjas y mataderos industriales anexos a núcleos urbanos es un factor de riesgo creciente para la salud humana.

Mapa con la localización de los principales bosques primarios o vírgenes del mundo

Los usos forestales

En este caso conviven los esquilmos tradicionales sobre el bosque (aprovechamiento de la gran variedad de materias primas y recursos naturales provistos por el mismo que sirven de complemento a la actividad agrícola y ganadera en las economías de subsistencia) con la explotación maderera especializada (producción de madera y productos derivados).

Los bosques no solo son una parte sustancial de los espacios rurales, sino que también, junto con los océanos, constituyen uno de los pilares que sustenta la vida en el planeta. Resultan fundamentales para mantener un clima estable en cuanto que grandes reservas de carbono, generadores de oxígeno y protectores de las cuencas hidrográficas. Albergan, además, las dos terceras partes de las especies de flora y fauna terrestres y son por tanto un elemento clave para la conservación de la biodiversidad en el planeta.

Se estima que entre 1700 y 2010 ha desaparecido un 20% de las zonas boscosas de la Tierra (National Geographic, 2010) y que, aparte de la actividad maderera, ese retroceso se ha hecho a costa de la expansión de la agricultura y la ganadería. Aun así, en el año 2005 el porcentaje de tierras en el mundo catalogado como superficie forestal era de un 30% (FAO, 2009). De esa superficie, según datos de la FAO para 2005, alrededor de una tercera parte (Greenpeace la reduce a una quinta parte) correspondía a bosques primarios o vírgenes, mientras que dos tercios eran bosques plantados que han ido reemplazando espacios primarios previamente destruidos o alterados por la mano del hombre.

En regiones como América Latina y África el retroceso de los bosques ha sido continuo y se prevé que la deforestación continúe a corto plazo. En ello tienen que ver los elevados precios de los alimentos y los biocombustibles, que fomentan la extensión de la superficie agrícola a costa de la superficie forestal. La situación más preocupante es la de África. Sin unos marcos legales ni instituciones sólidas para proteger los espacios forestales, la actividad forestal allí se sigue desarrollando bajo unos parámetros claramente insostenibles. Los bosques plantados aumentarán en estas regiones del mundo, pero es improbable que el ritmo de plantación compense la intensidad del proceso de deforestación en la mayoría de países en vías de desarrollo. Por el contrario, se prevé que las zonas de bosque dejen de menguar o aumenten su extensión en la mayoría de países desarrollados como ya puede observarse en las tendencias registradas desde la década de 1990 en Europa. Esto se debe a la menor dependencia de la tierra, el aumento de los ingresos y la conciencia ambiental y unos marcos institucionales y legislativos que fomentan la protección de estos espacios.

Superficie forestal del mundo: tendencias recientes

En cualquier caso, la superficie forestal que se ha conservado es de un alto valor económico y ambiental. Comenzaremos hablando de los usos tradicionales estrictamente productivos.

Los bosques han sido históricamente proveedores de materias primas y recursos para la población (en muchos casos, un complemento esencial de las estrategias de subsistencia en el medio rural). Estos usos tradicionales (extensivos) que incluyen la caza, la pesca fluvial, la recolección de frutos, de leña, de plantas medicinales y de un extenso repertorio de materias primas se siguen practicando en la actualidad en los bosques de todo el mundo. Son la base de la subsistencia de muchas comunidades rurales. A gran escala, esos usos han retrocedido y se prevé que sigan retrocediendo ante el uso especializado basado en la explotación de la madera.

Recuerda que siempre que nos referimos a materias primas lo hacemos a materiales procedentes de la naturaleza y que la industria transforma en bienes elaborados. Es decir, las materias primas comienzan siendo recursos naturales (proporcionados por la naturaleza y no alterados), y es precisamente su finalidad de manufactura lo que le concede la definición de materias primas (materias primeras a partir de las cuales obtendremos un producto).

La especialización maderera de los bosques se ha debido al crecimiento demográfico y económico y el aumento consecuente de la demanda de productos como el papel, el cartón y todas las manufacturas basadas en la madera. Entre esas manufacturas destaca la producción creciente de combustibles basados en la madera (dendrocombustibles o combustibles forestales), una alternativa atractiva frente a fuentes energéticas fósiles (no renovables) como el petróleo. La industria productora de combustibles basados en la madera está localizada fundamentalmente en los países desarrollados y Europa es líder en este sector. Por el contrario, la industria forestal clásica (la tala y primera conversión de la materia prima) sigue siendo una especialización de los países en vías de desarrollo y Asia lidera la transformación de madera en paneles (del que es también principal consumidor), papel y cartón (en este caso destinado principalmente a Europa y América del Norte).

En cuanto a los usos o servicios ambientales proporcionados por los bosques, existe un aumento de los mismos, sobre todo en los países desarrollados, constituyendo uno de los pilares de los nuevos usos del espacio rural a los que nos referiremos en el apartado 2.1. En los países en vías de desarrollo, incluso con una solidez económica creciente, la debilidad institucional se traduce en la continua degradación de los bosques, que no ocupan un lugar central en las inversiones públicas.

Digamos por último que la producción puede ser hasta cierto punto compatible con la prestación de servicios ambientales. Por ejemplo, se está fomentando la creación de sistemas de producción maderera que atenúan los daños ambientales y favorecen la continuidad de la actividad en el tiempo. Un primer paso es que el aumento de la demanda de productos madereros se satisfaga a través de bosques plantados. En este sentido, ya existen marcos legislativos que garantizan que los productos madereros adquiridos han sido producidos legalmente y contribuyendo a una ordenación forestal sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

Explica por qué hablamos de usos integrados en las actividades agropecuarias extensivas.

Las actividades pesqueras

También existen factores condicionantes de tipo físico para la actividad pesquera que están implícitos en la definición que se realizó del espacio marino: temperatura de las aguas, circulación oceánica, profundidad del lecho marino, etc. En cuanto a los factores tecnológicos, hemos hecho referencia a los mismos al desarrollar los distintos tipos de pesca.

La exposición del apartado se refiere a la pesca extractiva marina que puede desarrollarse en las proximidades de la costa (pesca de bajura) o en alta mar (pesca de altura). La pesca de altura se impone progresivamente por el agotamiento de los caladeros más accesibles y por los avances tecnológicos de almacenamiento y procesamiento del pescado en alta mar aplicables en los grandes buques que faenan en alta mar.

Entre las potencias pesqueras mundiales sobresale China. Hay que destacar que España es una de esas potencias tanto por el tamaño de su flota como por el volumen de capturas y sobre todo por el volumen de sus exportaciones de pescado.

También en este apartado hemos relacionado el grado de intensidad de la actividad con su sostenibilidad. Así, encontramos actividades pesqueras muy intensivas, poco selectivas e insostenibles desde el punto de vista ambiental como la pesca de arrastre. En contraste, artes tradicionales como la pesca selectiva de almadraba o la pesca tradicional con anzuelo del bonito.

Aunque el medio fluvial también alberga actividades pesqueras, aquí nos referiremos a las desarrolladas en el medio marino. La pesca se desarrolla tanto en las proximidades de la costa (pesca de bajura) como en alta mar (pesca de altura).

En 2006 la pesca continental practicada en ríos y lagos contribuyó en un 11% a la producción mundial de la pesca de captura con unos desembarques de más de diez millones de toneladas (FAO, 2008).

Localización de los principales caladeros de pesca del mundo por volumen de capturas en 2006 (en millones de toneladas). Fuente: Elaboración propia a partir de FAO (2008)
Las diez principales potencias pesqueras en 2006 (capturas marinas en millones de toneladas). Fuente: Elaboración propia a partir de FAO (2008)

La pesca de bajura se suele realizar en embarcaciones de pequeño tonelaje y las capturas son desembarcadas a diario para ser vendidas en fresco en las lonjas litorales, desde donde también se distribuyen a los grandes centros de consumo. La pesca de altura se desarrolla en alta mar, en los grandes caladeros mundiales y ha cobrado preponderancia sobre la pesca de bajura por los siguientes motivos.

En primer lugar, los caladeros más accesibles cercanos a las costas presentan niveles altos de sobreexplotación o se han extinguido.

En segundo lugar, la moderna tecnología de refrigeración y conservación permite almacenar grandes cantidades de pescado en unos buques de gran tonelaje en los que incluso se pueden realizar determinadas actividades de transformación. Esto permite que el pescado sea congelado inmediatamente después de su captura manteniendo así sus propiedades y permitiendo más flexibilidad en el tiempo y los circuitos de distribución.

Los principales caladeros o pesquerías mundiales coinciden con regiones del espacio marino donde entran en contacto corrientes frías y cálidas en las que abunda el plancton.

En cuanto a las principales potencias pesqueras en el medio marino, China es el mayor extractor con una producción
registrada de 17,1 millones de toneladas en 2006. Le siguen a mucha distancia Perú y Estados Unidos.

España es un país con gran tradición pesquera por la longitud de sus costas y su proyección hacia el mar como península. A nivel mundial es uno de los países con mayor consumo per cápita de pescado y mayor porcentaje de proteínas de origen marino en su dieta. De hecho, en 2006 España era el tercer país importador de pescado solo superado por Japón y Estados Unidos. También es una potencia pesquera a nivel europeo y a nivel mundial en cuanto a volumen de exportaciones (el noveno país del mundo en 2006). La flota pesquera española estaba compuesta en 2010 por unos 18.000 barcos, una tripulación de 7.000 personas y unas capturas de en torno al millón de toneladas anuales. La mayoría de esas capturas se realizan lejos de las costas españolas, en los caladeros internacionales y se desembarcan en cinco puertos principales: Vigo (con casi un cuarenta por ciento del total), A Coruña, la Bahía de Cádiz, Avilés y Gijón (Puertos del Estado, —on-line—; 15-12-2010). Los caladeros donde la flota española desarrolla fundamentalmente su actividad pertenecen tanto a aguas comunitarias (por ejemplo, el mar del Norte y los caladeros de Gran Sol en el Atlántico) como a aguas extracomunitarias (como por ejemplo las aguas de Terranova en Canadá o los caladeros marroquíes y mauritanos).

Las aguas jurisdiccionales españolas se agrupan en torno a una plataforma continental poco extensa y de aguas poco profundas que solo son explotadas por la pesca de bajura.

Como en los apartados anteriores, cerraremos este refiriéndonos a la sostenibilidad de las actividades pesqueras diferenciando artes de pescas extensivas y/o selectivas de artes de pescas intensivas y/o no selectivas.

En el espacio marino encontramos una problemática ambiental muy parecida a la del medio rural. Las especies de pescado más demandadas en el mundo (anchoas, jureles o bacalao) están claramente sobreexplotadas y otras muchas, incluidas mamíferos, están amenazadas por artes de pesca demasiado intensivas y poco selectivas. Esas artes, además, han provocado daños muy serios a otros elementos de los ecosistemas marinos. Por ejemplo, la pesca de arrastre (practicada desde muy antiguo) consiste en barrer el lecho marino con una red que captura especies de flora y fauna marina sin ningún tipo de selección. Es la intensificación del arte y el aumento de potencia de los navíos en tiempos modernos lo que la ha convertido en una práctica enormemente nociva para el medio marino. No solo se produce una captura indiscriminada de especies, sino que flora y sustrato esencial de los fondos marinos son destruidos con daños irreversibles para esos ecosistemas. Las redes de deriva (que pese a las restricciones legales llegan a alcanzar distancias kilométricas) son otro ejemplo de arte no selectiva con graves consecuencias para especies en peligro de extinción.

En contraste, las artes de pesca tradicionales son generalmente selectivas y permiten la regeneración de las pesquerías en cuanto que el volumen de capturas es moderado. La pesca del atún con almadraba es un ejemplo, ya que las especies capturadas permanecen vivas tras su extracción permitiendo ser seleccionadas. De hecho, la pesca final de los atunes se hace pieza por pieza. Otro ejemplo de pesca tradicional es la captura del bonito con cebo vivo en la que las piezas también son capturadas una a una.

Transformaciones y nuevos usos del espacio rural y marino

En este apartado se señala la creciente importancia de usos de tipo ambiental con respecto a los productivos, así como el desarrollo de nuevos usos productivos no extractivos y basados en valores ambientales o recursos renovables de los espacios rural y marino.

A menudo, ambos tipos de uso (productivos y ambientales) entran en conflicto. Por un lado, mayores ingresos en un país pueden facilitar afrontar los costes de la protección ambiental; por otro, el crecimiento económico en sí, sobre todo en etapas iniciales, puede ir acompañado de la explotación y el esquilmo incontrolado de tierras y bosques (en el caso del espacio rural) y océanos.

Transformaciones y nuevos usos del espacio rural

Aparte de los servicios productivos tradicionales, el espacio rural está asistiendo a la potenciación de un conjunto de usos de tipo ambiental consistentes en el aprovechamiento de los valores paisajísticos y las condiciones de hábitat identificadas con una mejor calidad de vida. Estos nuevos usos conviven con la difusión de actividades productivas típicamente urbanas como las industriales que han encontrado en el espacio rural una alternativa rentable de localización debido al progreso de los transportes y el bajo precio del suelo en dicho espacio. Todo ello ha convertido el espacio rural en un espacio multifuncional.

Los principales cambios en el espacio rural y en las actividades que se desarrollan en el mismo pueden resumirse en dos ideas: la progresiva homologación con el espacio urbano y la diversificación. Homologación, en cuanto que los avances en medios de transporte y comunicación y las infraestructuras han borrado algunas diferencias entre el modo de vida de las ciudades y el del campo. Diversificación en cuanto que otras actividades, aparte de las agropecuarias, están ganando protagonismo en la estructura económica del medio rural.

El uso tan intensivo del suelo que se ha producido en los espacios urbanos ha provocado que su precio alcance valores no fácilmente asumibles, tanto en términos de residencia como en términos de actividades productivas altamente demandantes de espacio. Esta es una de las principales razones de que las ciudades se hayan convertido en polos de expulsión de personas y actividades durante las últimas décadas, al contrario de lo que venía sucediendo. El medio rural a menudo posee una gran oferta de espacio a precios sensiblemente más bajos. Esto, unido al progreso de los medios de transporte y las infraestructuras de comunicación, ha hecho que las distancias se acorten y que sea posible y rentable la descentralización del sector secundario y del uso residencial. Grandes zonas industriales han surgido en zonas rurales anexas y bien comunicadas con las ciudades. La atracción de personas, tiene que ver con los mismos factores y con el deseo de mejorar ciertos aspectos del modo de vida (por ejemplo, la calidad ambiental del lugar donde se vive manteniendo en muchos casos la ciudad como ámbito laboral). A su vez, estos nuevos habitantes del medio rural generan y retroalimentan la demanda de servicios en esos espacios contribuyendo a su dinamización.

En conjunto, este proceso de homogeneización del espacio basada en la integración de elementos antes típicamente urbanos en los espacios rurales se ha resumido en el concepto de rururbanización que define una realidad espacial menos diferenciada entre campo y ciudad desde el punto de vista de los usos y los modos de vida (García Ramón et ál., 1995).

La diversificación de actividades en el medio rural tiene que ver con todo lo dicho además de con la valorización de usos o servicios ambientales y de conservación del paisaje. Los bosques y las actividades de ocio y turismo asociados a ellos son un ejemplo de cómo espacios antes dedicados exclusivamente a funciones productivas de tipo extractivo son ahora generadores de actividad económica desde el punto de vista de su conservación.

También estos nuevos usos entrañan un riesgo de sobreexplotación y de degradación progresiva del paisaje si son practicados con demasiada intensidad. Los nuevos modelos de turismo rural y ecológico pretenden prevenir esto al basarse en estrategias respetuosas con el medio ambiente que además se apoyan en elementos físicos y culturales autóctonos (por ejemplo, los alojamientos en antiguas casas de labranza que a veces mantienen sus funciones productivas agropecuarias).

Transformaciones y nuevos usos del espacio marino

En el medio marino la acuicultura está demostrando ser una alternativa viable y complementaria a la pesca extractiva. Además, hemos destacado la potencialidad que presentan los océanos como generadores de energía renovable a través de la aplicación de distintas soluciones tecnológicas (energía de las mareas, corrientes marinas, gradiente salino, gradiente térmico y energía de las olas).

Trataremos dos nuevos usos del espacio marino. El primero está relacionado con la transformación de la actividad pesquera y, a su vez, representado por la acuicultura marina. El segundo es el campo que probablemente asistirá a los desarrollos más importantes en las próximas décadas: la explotación energética de los océanos.

La demanda alimentaria mundial sigue aumentando sobre la base de unos recursos limitados. Por esta razón, la acuicultura (la reproducción y cría de especies marinas) es un complemento interesante y necesario para la pesca extractiva. El incremento del suministro acuícola durante las últimas décadas ha compensado los efectos del estancamiento de la producción de la pesca extractiva debido a la sobreexplotación de los caladeros. La pujanza de este nuevo sector se demuestra en que casi la mitad del consumo mundial de pescado en 2006 procedía de actividades acuícolas marinas o continentales. Es más, se espera que la acuicultura supere en volumen a las capturas de la pesca extractiva en un futuro no muy lejano.

Como en el caso de la pesca extractiva, el sector está liderado por la región Asia-Pacífico, que aporta casi el noventa por ciento de la producción mundial. España también destaca a nivel europeo en este creciente uso del medio marino. Más de trescientas mil toneladas de productos marinos en España procedieron en 2010 de la acuicultura y el sector emplea ya a miles de personas. Además, la producción controlada de especies marinas en nuestro país ha supuesto cambios trascendentes en otras actividades tradicionales como el marisqueo en las costas mediterráneas y cantábricas. Por ejemplo, es habitual arar las marismas para sembrar la semilla del berberecho. Peces y crustáceos también son «cultivados» empleando modernas técnicas de reproducción inducida. Además, la acuicultura ha permitido la recuperación de espacios como las salinas y las ensenadas que son espacios ideales para su desarrollo.

En cuanto a la obtención de energía marina hemos de decir que la idea no es nueva. En el propio litoral cantábrico español se conservan antiguos «molinos de marea» que aprovechaban el movimiento del mar. Lo nuevo es el potencial de uso a gran escala que el desarrollo tecnológico comienza a abrir. En este sentido hay que tener en cuenta la dificultad que supone el aprovechamiento energético marino. El océano es un medio mucho más hostil e imprevisible que un río y obviamente no es regulable como un cauce fluvial. De hecho, los mares más hostiles son los que más posibilidades presentan al generar grandes olas y fuertes mareas y corrientes (en el caso español, las aguas del estrecho de Gibraltar y el mar Cantábrico).

Hay cinco modalidades principales (con variantes) de aprovechamiento energético marino según la Agencia Internacional de la Energía (www.iea.org): energía de las mareas, corrientes marinas, gradiente salino, gradiente térmico y energía de las olas.

En este sitio web (www.iea.org) puedes encontrar esquemas ilustrativos e imágenes de plantas energéticas basadas en estos tipos de aprovechamiento.

La energía de las mareas aprovecha el ascenso y descenso del agua del mar debido a las fuerzas gravitacionales del sol y la luna. Durante la pleamar (marea alta) el agua del mar se almacena mediante diques. Cuando la marea baja, se evacua el agua almacenada produciendo la energía de forma similar a una central hidráulica.

Las corrientes marinas se generan por diferentes causas como el viento, las mareas, la convergencia de aguas de diferentes características (temperatura o densidad) o el movimiento de rotación terrestre. Esas corrientes ponen en movimiento grandes palas que generan la energía.

En el gradiente salino se aprovecha la diferencia en salinidad entre el agua del mar y el agua de los ríos y el gradiente térmico (o diferencia térmica) se produce por el calentamiento de las aguas superficiales del mar por efecto de los rayos solares mientras que las aguas profundas permanecen a temperatura más baja. Esa diferencia se puede aprovechar para evaporar sustancias líquidas de bajo punto de ebullición, como el amoniaco. Son los vapores generados a través de su circulación por turbinas los que producen la energía. Los vapores se redirigen después hacia las aguas más profundas, se enfrían recuperando su estado líquido y vuelve a comenzar el ciclo.

Aunque todas las energías marinas están en desarrollo, cabe destacar la energía del oleaje o undimotriz, que ya cuenta con bastantes plantas en funcionamiento en todo el mundo y cuya generación se realiza a través de sistemas variados de captación.

¿Qué elementos nos permiten definir el espacio rural actual como un espacio multifuncional?

Conclusión

El medio rural y las actividades asociadas son un tema central en la parte de Geografía del temario, ya que entran en juego elementos físicos, económicos y ambientales que se deben saber relacionar y exponer convenientemente. Tanto el espacio rural como el medio marino actuales son resultado de una intensificación de los usos tradicionalmente llevados a cabo, así como de la diversificación de los mismos. En esa diversificación, los servicios ambientales ocupan un lugar central y son la clave para corregir las externalidades causadas por una explotación insostenible de recursos. Las externalidades no solo se manifiestan en el plano ambiental, sino también en el social con la jerarquía internacional establecida en torno a las actividades agropecuarias. Tenemos por tanto un tema muy propicio para poner en práctica dos elementos transversales valiosos del programa de educación secundaria, como son el desarrollo de la conciencia ambiental y el sentido de justicia social.

Bibliografía

  • BIBLIOGRAFÍA COMENTADA
  • BUINSMA, J. (2003): World agriculture towards 2015/2030. Roma: FAO.
    • Esta obra está planteada desde unos términos más económicos. Es un trabajo sistemático (y actual) sobre el sector agropecuario en el mundo. Desarrolla todos los puntos del tema, incluidas las actividades pesqueras. La obra no se limita a un compendio descriptivo sino que aporta elementos de exposición muy útiles para relacionar el tema con el estado de la población y la dinámica seguida por los mercados mundiales de productos agropecuarios. Está editado por la FAO en 2003.
  • FAO (2008): El estado mundial de la pesca y la acuicultura. Roma: FAO.
  • FAO (2009): Situación de los bosques del mundo. Roma: FAO.
  • FAO (2009b): El estado actual de la agricultura y la alimentación. La ganadería a examen. Roma: FAO.
    • Obras específicas editadas por un organismo oficial como la FAO.
  • GARCÍA PASCUAL, F. (2001): El mundo rural en la era de la globalización: incertidumbres y potencialidades. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Universidad de Lleida.
    • Un trabajo colectivo muy representativo de todos los puntos del tema, así como del enfoque que hemos adoptado para exponerlo. Combina ensayos sobre actividades productivas (agrícolas y ganaderas) y usos ambientales.
  • GARCÍA RAMÓN, M. D., Tulla , A. y VALDOVINOS, N. (1995): Geografía rural. Madrid: Síntesis.
    • Lo más parecido en español, aunque menos desarrollado, al libro anterior.
  • MOLINERO HERNANDO, F. (1990): Los espacios rurales: agricultura y sociedad en el mundo. Barcelona: Ariel.
    • Este libro está planteado desde una perspectiva clásica de descripción de sistemas agrarios y modelos de economía agraria en el mundo.
  • MOLINERO HERNANDO, F. (coord.) (2004): Atlas de la España rural. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
    • Obra reciente de síntesis ideal para indagar en contenidos específicos sobre los espacios rurales y las actividades agropecuarias en España.
  • National Geographic Society (2010): Gran Atlas del Mundo. Barcelona: RBA.
    • Obra de referencia, esencial para aproximarse al tema con datos y cartografía actualizada.
  • REGIDOR, J. G. (2000): El futuro del medio rural en España: agricultura y desarrollo económico. Madrid: Consejo Económico y Social.
    • Libro que se centra en España pero trata un asunto común a todos los países desarrollados: cómo van a articularse los usos productivos y ambientales en los espacios rurales y qué papel específico cumplen en ese entramado la población rural y las políticas de desarrollo rural.
  • WOODS, M. (2005): Rural Geography. Londres: SAGE Publications.
    • La referencia más actual sobre Geografía Rural. Ciertamente útil para una definición más ajustada de lo que se entiende por espacio rural en el mundo actual. El enfoque aplicado, además de geográfico, tiene mucho de sociológico.

Webgrafía

POPULATION CENSUS BUREAU (2010): World Population Data Sheet: https://assets.prb.org/pdf10/10wpds_eng.pdf 

Enlace que aporta datos actualizados sobre la población mundial.

http://www.fao.org/home/es/ 

Sitio oficial de la FAO: En él se encontrarán materiales con una información muy completa y objetiva sobre los contenidos fundamentales de este tema y además son una fuente fiable para actualizarlos.

http://orgprints.org

Web de Organic Eprints: Es el más completo catálogo de publicaciones (accesibles gratuitamente en formato pdf ) sobre agriculturas y ganaderías orgánicas (ecológicas) en todo el mundo. En su apartado de estadísticas resumen puedes encontrar de forma muy rápida y cómoda la situación del sector a nivel mundial con actualizaciones anuales (tierra y producción dedicada a este tipo de agricultura por países, etc.).

http://ec.europa.eu/agriculture/index_es.htm

Comisión Europea, sección de agricultura y desarrollo rural: Hay apartados de interés que conciernen al desarrollo rural en Europa (por ejemplo, la Política Agraria Común y los fondos de convergencia) que no son tratados en el tema.

http://www.marm.es/

Web del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (MARM): Aquí se pueden encontrar secciones específicas (agricultura, ganadería y pesca), con estadísticas y documentos descargables gratuitamente.

http://from.mapa.es/es/home.aspx?publi=85

Web del Fondo de Regulación y Organización del Mercado de los Productos de la Pesca y Cultivos Marinos (FROM): Adscrito al MARM, es otro organismo autónomo donde encontrar contenidos específicos sobre la actividad económica basada en el medio marino.

http://www.ieo.es/inicial.htm

Web del Instituto Español de Oceanografía.